ENTREVISTA A TOÑI ROLDAN Y CAMINO GONZALES

Toñi Roldán Granados y Camino González García acaban de regresar a España una vez concluido su compromiso misionero en la Diócesis de San Juan de la Maguana (República Dominicana), concretamente en la comunidad de Pueblo Viejo. Nos acercamos a ellas con el propósito de que compartan algunas de sus vivencias misioneras.

- ¿Qué cooperación habéis estado realizando en República Dominicana?

El trabajo que realizábamos estaba enmarcado en líneas generales dentro del Plan Diocesano de Pastoral de la Diócesis de San Juan de la Maguana. Esta Diócesis se encuentra ubicada en el sur de la República Dominicana. Abarca tres provincias: Elías Piña, San Juan de la Maguana y Azua. Eclesíásticamente tiene 29 parroquias distribuidas por estas provincias. En la de Azua, se encuentra la parroquia Ntra. Sra. de las Mercedes de Pueblo Viejo. Esta parroquia tiene tres comunidades: PuebloViejo, Guayacanal y Terreras, cercanas unas de otras. Nuestra vida cotidiana discurría en Pueblo Viejo donde teníamos nuestro hogar. El número de población de esta parroquia donde convivíamos y disfrutabamos de nuestro trabajo es de unos 8.000 habitantes. Es de las parroquias de más reciente creación, y la más chiquita de la diócesis.

Situados ya en el lugar, nuestra primera labor fue la de "escuchar, mirar, callar y preguntar". Durante varios meses nos dedicamos a conocer lo que a nuestro alrededor ocurría, la dinámica social, el interactuar de la gente, conocer las experiencias de tantos años de trabajo comprometido de misioneros, laicos, etc... Y hacernos familiares para nosotros mismos y para los demás.

Visitábamos a familias, que nos acogían con mucho interés, para conocerlos y conversar. Al ser un pueblo con cierto carácter extrovertido, fue fácil acercarse y entablar charlas.

Intentamos conocer cómo funcionaba la pastoral, tanto religiosa como social, en esta diócesis y conocer todas las iniciativas del tipo que fueran (religiosas y no-religiosas) que pudieran darnos ideas para poder proyectar y realizar nuestra futura misión de acompañar a un pueblo en su desarrollo.

Consideramos que el trabajo más importante, que nunca fue ni será terminado, es darse una misma a conocer entre las personas, caminar junto a la comunidad que acoge. Mientras una observa comienza a comprender, a aprender lo que ocurre en la sociedad, los por qués y es entonces cuando se da cuenta de las posibilidades que puede ofrecer, en qué puede colaborar al desarrollo de la comunidad, a la liberación de la gente.

Pues bien, entre otras acciones, el integrarse en el plan pastoral de la Diócesis significaba motivar dicho plan a nivel de comunidad, promover a la gente para que tenga necesidad de organizarse, juntarse, reunirse y ver qué es lo que ocurre en su realidad. Ello a través de diversas formas de encuentro. Nosotros, en este caso, motivábamos, acompañábamos estas reuniones, para que se fueran dando en todos los barrios y comunidades, para así ver en grupo qué es lo que se podía hacer para mejorar la calidad material y espiritual de los habitantes. Según lo que se pensara en esos encuentros, el trabajo en si, se dividía en áreas pastorales: Catequesis, Juvenil, misión, Social, CEBs.,Familias y matrimonios, Vocacional y Social.

Dentro de estas pastorales se iban realizando programas de actividades: grupos de alfabetización, grupos de escuelas radiofónicas, grupos de familias que se reúnen periódicamente, formación de parejas, establecimiento de botica y botiquines populares, movimientos juveniles, formación en las escuelas, formación y educación de líderes populares, construcción de capillas, asesoramiento y acompañamiento a asociaciones de campesinos, grupos de liturgia, formación de catequistas, construcción de comunidades de base, etc... Todo ello dentro de un plan integrado, que cada acción tenga sentido, que se comprometa gente local en llevar hacia adelante cada uno de los proyectos que ellos quieran desarrollar, desde el poco a poco, desde al pasito, y ahí estábamos nosotras, en ese "de a poquito", para lo que se necesitara.

Se buscaba la formación y organización de los llamados Consejos Comunitarios y Distritales.

Conjuntamente con el párroco y algunas personas de la comunidad, tratamos de detectar, capacitar y ayudar a posibles líderes con el fin de que con el tiempo se hicieran cargo de algunas responsabilidades.

Con respecto a los Consejos, que son grupos de trabajo en sus barrios o sectores, ha sido todo un proceso de comenzar a motivar que se reuniesen para que ellos se organizaran, se capacitaran, tomaran conciencia del sentido de los Consejos para que pudieran tomar pequeños compromisos sociales y de evangelización. Pero, para ello, era necesario que nosotras participásemos e hiciésemos el trabajo de formación en cada reunión y un acompañamiento cercano.

- ¿Cómo ha respondido la gente del lugar ante vuestra presencia y vuestra cooperación?

En general, la gente ha respondido positivamente . En el compartir vida nos dábamos cuenta que había personas que sentían interés en comprometerse en su comunidad. Algunos continúan, otros lo han dejado no se sabe bien por qué, pero nos cuestionaba qué era lo que esperaban. Creo que hemos cuestionado a muchos sobre nuestra presencia ahí, en el sentido que no entendían qué era lo que nos traía a aquel lugar viniendo de un país con mejores posiblidades económicas. Nos hemos sentido acogidas, aceptadas, cuidadas de este pueblo, quizás demasiado, pero hay que agradecerlo.

- ¿Cuáles han sido las mayores dificultades con las que os habéis encontrado?

Las mayores dificultades que hemos vivido han sido: la falta de entendimiento, la comunicación con la gente, esto fue más al principio. Aunque hablemos la misma lengua no conocemos el sentido de muchas cosas hasta que no pasa el tiempo. Otra dificultad o desventaja es el que te traten como a alguien superior por proceder de Occidente con todo lo que conlleva esto, sobre todo que esperen que les des algo (material). Tengo que aclarar que me he encontrado con personas que no lo han vivido así y no puedo generalizar. Y, por último, el conformismo de mucha gente ante la lacra de la corrupción en la poítica y en las instituciones públicas que hace al pueblo verlo como situación normal.

- ¿Cuáles han sido desde vuestro punto de vista los logros obtenidos?

Algo importante ha sido que han sentido una presencia nuestra cercana y continua, de dedicación completa en el trabajo de animar, convocar, motivar, organizar la vida pastoral contando lo más posible con ellos y dando participación protagonista. No hemos querido forzar procesos respetando los ritmos.

También la incorporación de la gente local en el proyecto de desarrollo comunitario de estas comunidades que, a pesar de muchos abandonos y fracasos, hay gente que está ahí para trabajar por los demás. Son líderes que no pierden el ánimo, ejemplo grande para nosotras. Y gracias a estas personas se pueden ir fraguando todos los pequeños proyectos en los que ellos mismos participan. La comunidad ha crecido y se mantiene, la gente sabe ya acompañar a otros para iniciar un proceso de organización ante las situaciones sociales y espirituales planteadas, cómo organizarse, cómo trabajar juntos, etc... Un logro, es que la gente vaya confiando en sus propias posibilidades. Y a nivel personal, un logro hacia nosotras mismas, es el habernos dejado hacer misión en nosotras, el que Dios haya actuado en nuestro modo de ver las cosas y de actuar a través de cada persona que nos hemos encontrado en el camino.

- ¿Cómo ha sido la incorporación de la gente local al proyecto?

Teniendo en cuenta el tiempo de nuestro compromiso de tres años, hemos visto mayor participación de un grupo de personas más o menos concienciadas, y las que ya estaban trabajando antes de nuestra llegada, la mayoría continúa. No es fácil por la situación tan asfixiante de la vida de la gente a nivel económico sobre todo. También hay limitaciones familiares y de formación o capacitación.

- ¿Cómo ha quedado el proyecto después de vuestra partida?

El proyecto ha quedado con necesidad de que la presencia continúe para seguir con el acompañamiento y formación de la comunidad para que algún día surja un equipo pastoral de laicos que sean el motor de todo ese trabajo de liberación y justicia que Jesús anunció y vivió.

- ¿Queréis comunicar algo en especial después de este tiempo vivido en Pueblo Viejo?

Nos sentimos afortunadas por la oportunidad de haber compartido estos años con un pueblo tan entrañable, por lo que nos hemos traído de cada uno, porque hemos sentido la mano de Dios en el cuidado y acogida de ellos y de toda la gente que habéis estado apoyándonos desde aquí. Damos gracias a Dios por aprender a tomar lo positivo de las vivencias difíciles que también están ahí y forman parte de todo ser humano.

Toñi Roldán Granados y Camino González García
(Misioneras de OCASHA-CCS)


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© 2004 OCASHA-CCS
Boletín Nº125