LA MISIÓN Y LOS DESAFÍOS DEL MUNDO ACTUAL

1. DESAFÍOS QUE EL MUNDO PRESENTA A LA MISIÓN

Se ha vuelto común hablar de mundialización y de globalización. Este proceso no es nada nuevo, está presente, sobre todo, en nuestro continente americano desde el siglo XVI. Y ¿qué habría pasado sin misioneros como el Padre de las Casas y el Padre Montesinos? Sin embargo hoy toma nuevas formas.

Toda la tierra se ha vuelto un gran supermercado. Todo puede ser transformado en mercadería. Aun la misma religión obedece a esta ley de oferta y de demanda. Hoy hay que probar que una vida con un elemento trascendental es una vida más rica que una vida puramente materialista.

Nosotros sabemos que esta globalización de la economía, lejos de hacer desaparecer las desigualdades mas bien las acentúa. Hay ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres. Esto es cierto tanto en los países más ricos como en los países más pobres.

Mucha gente en nuestro continente no tiene trabajo. Otros viven la experiencia de lo precario del trabajo, y el tema de la incertidumbre a perderlo se ha vuelto cotidiano.

Está también el tema de los trabajadores temporales que tienen condiciones de vida muy difíciles, es una realidad que yo puedo constatar en mi propia diócesis.

El modelo de desarrollo neo-liberal no solamente crea grandes desigualdades sino también pone en peligro el equilibrio ecológico de nuestro planeta. Por primera vez en la historia de la humanidad, tomamos conciencia que la vida misma de nuestro planeta está en peligro sí no cambiamos nuestra manera de vivir.

El modelo de desarrollo actual ha generado en los países más pobres una deuda externa que hace imposibles los proyectos de transformación social. Como lo escribe el Papa Juan Pablo II en la exhortación apostólica "Ecclesia in America": "Sólo el pago de los intereses constituye para la economía de los países pobres un peso que les quita a las autoridades la disponibilidad del dinero necesario para el desarrollo social, la educación, la salud y la institución de fondos para crear trabajo".

Frecuentemente no nos damos cuenta de la prioridad de las relaciones comerciales sobre las humanas. del tener sobre el ser, que crean un gran vacío existencial y espiritual. Víctor Frank, psiquiatra, afirma que cada época tiene sus propias neurosis y necesita su propia psicoterapia. El observa que la gran frustración actual no es la sexual como lo era en la época de Freud, sino más bien es la frustración existencial.

Una de las realidades actuales que expresa bien este tipo de frustración lo constituye la droga. Se produce en el sur de nuestro continente, se almacena en el centro y se vende en el norte. Un obispo me dijo un día que si yo quería morir mártir, solamente tenia que oponerme al poder de la droga.

Últimamente. tuvimos un retiro con jóvenes de la calle de la ciudad donde yo vivo. El tema de la jornada fue: "Ser del mundo sin ser del mundo"; Ahí, yo veía un espacio de búsqueda de un nuevo humanismo cristiano. El retiro funcionó muy bien hasta que tres de estos jóvenes descubrieron una plantación de marihuana cerca de la casa donde nos alojábamos.

Vi esta experiencia como una parábola de los tiempos que nosotros vivimos, el signo del declive de una civilización.

Felizmente tenemos signos de la búsqueda de una nueva civilización. Hay que mencionar la conciencia cada vez mayor por los derechos humanos y la dignidad de la persona humana, Las gigantescas manifestaciones contra la guerra en Irak, nos muestran que muchos cuestionan esta civilización que ve la violencia y la guerra como respuesta a los problemas actuales del mundo. Es en este marco de la búsqueda de una nueva civilización que hay que situar el anuncio de la novedad que nos trae el Señor.

2. EL FUTURO DE LA MISIÓN

¿Cómo esta realidad del mundo interpela a nuestras iglesias? ¿Qué significa la misión en toda esta realidad? ¿Cuál es la palabra que nos dice el Señor en esta realidad? La misión no consiste en tener un mensaje preparado sino en descifrar la Palabra de Dios en este contexto.

Yo les traigo algunas pistas para reflexionar. El objetivo de esta intervención no es traer todas las respuestas sino más bien suscitar la reflexión.

Mundialización y mentalidad parroquial

Durante muchas décadas hemos estado acostumbrados a pensar que el problema mayor del mundo era la confrontación este-oeste. Hoy estamos conscientes que el gran desafío son las relaciones norte-sur. Es mi convicción que la Misión puede jugar un rol importante para ir mas allá de estas fronteras, de este muro que existe en el mundo actual.

Un desafío que nos presenta el mundo actual es el de una comunión más intensa entre las Iglesias de nuestro continente, como lo desea el Sínodo de América. Tenemos que salir de la mentalidad parroquial y abrirnos a una mentalidad más solidaria entre Iglesias. Necesitamos vivir la experiencia de la globalización de la esperanza.

Toda la tradición de nuestra fe nos dice que el Espíritu de Dios esta presente en el encuentro y es un momento gratuito mas allá de las categorías de lo útil y lo inútil. Cuando leemos el evangelio, nosotros vemos que Jesús vivió múltiples encuentros gratuitos. y que manifestó el amor del Padre a través de esos encuentros y relaciones que condujeron a la amistad y a la fe en Cristo. Lo vemos en el caso de la Samaritana a quien el sentimiento de culpa de su vida pasada le impedía vivir una vida nueva.

En los primeros capítulos del evangelio de San Lucas, encontramos el texto de la Visitación de María a su prima Isabel. Este es un magnifico modelo del anuncio del evangelio de la vida. Estas son dos mujeres pobres, dos mujeres embarazadas, y es un reencuentro inter-generacional.

Esta visitación nos recuerda que "Dios visita y libera", que la Misión es primero la Misión de Dios. la Misión no es geográfica sino mas bien teológica.

Nosotros también podemos vivir la experiencia cada vez que salimos de nosotros mismos y nos encontramos y nos abrimos al otro, como María lo hizo con su prima Isabel.

Durante siglos, los misioneros fueron del norte hacia el Sur pero hoy con la inmigración, con los trabajadores temporales, se están desarrollando nuevas experiencias misioneras. ¿Podría haber más contacto entre las Iglesias de donde provienen estos trabajadores y aquellas que los reciben?.

Ninguna Iglesia puede encontrar solución a todos sus problemas encerrada en ella misma. El magnifico decreto "Ad gentes" nos dice que es la caridad la que va al último rincón del mundo y que renueva la Iglesia. La Iglesia muere cuando se encierra sobre ella misma.

Desde hace algunos años, yo me di cuenta que los jóvenes de nuestra diócesis que se comprometen en la vida de la Iglesia, a menudo son jóvenes que han vivido los proyectos de solidaridad. y que han abierto sus vidas a los más pobres de nuestro planeta.

Esta nueva visión de la relación entre el norte y el Sur, me parece que nos puede ayudar a desarrollar una nueva conciencia de nuestro continente y de nuestra misión como punto de encuentro. Necesitamos desarrollar la reciprocidad, vivir la misión como un aprendizaje del dar y del recibir y no solamente dar, sino dar y recibir.

Misión y diálogo

No podemos limitar la Misión a las fronteras de nuestro continente, El 11 de septiembre dc 2001, los "kamikazes" que se estrellaron en las torres del World Trade Center en New York, lo hicieron en el nombre de Dios. Aquellos que los combaten también lo hacen en el nombre de Dios.

Samuel Huntington, en su famoso libro "El Choque de las Civilizaciones", afirma que hoy en las diferentes culturas, la única fuerza central capaz de movilizar a las personas es la religión. Él cree que vamos hacia un enfrentamiento entre las civilizaciones.

Actualmente hay que reconocer que no faltan quienes quisieran desarrollar una nueva mentalidad de cruzadas frente al Islam. Y continúan viviendo como en el pasado, con una visión de la misión como conquista. Uno de los desafíos más grandes para nosotros hoy es de vivir la misión como diálogo.

Desde el Concilio Vaticano II, muchos documentos nos han hablado de la importancia de desarrollar una cultura de diálogo. No es suficiente congratularse de esta mentalidad de apertura de la Iglesia como si se tratara de una nueva actitud de tolerancia. Hay también que reflexionar sobre los fundamentos de esta nueva actitud.

Hoy existe en la Iglesia una nueva valorización de las religiones. En un importante discurso pronunciado en el encuentro de Asís en 1986, e] Papa Juan Pablo II pronunció palabras de gran importancia para el diálogo interreligioso afirmando que "cada oración auténtica es suscitada por el Espíritu Santo que misteriosamente está presente en el corazón de cada persona humana".

Se cuenta que un monje de una de las grandes tradiciones religiosas orientales dcl mundo tenía interés por el cristianismo. Fue a visitar a un misionero para tener información, pero el misionero no tenía tiempo de atenderlo y se deshizo del monje dándole una copia de] evangelio de San Juan, diciéndole que lo leyera y que regresara.

Algunos meses más tarde el misionero vio de repente al monje en la calle. Se recordó de quién era y le preguntó si había leído el evangelio. El monje le dijo que no, porque la primera línea de la lectura, "en el comienzo era el Verbo" lo había desconcertado, y no había podido continuar. "¿Por qué ustedes los cristianos no piensan que en el comienzo era el silencio?" Preguntó el monje. "¡Ustedes deben de tener un Dios que es bullicioso!".

Como vemos, el diálogo no es una realidad fácil y toda religión tiene sus ambigüedades. Pero el diálogo nos recuerda que la misión de la iglesia no es primero aumentar el número de cristianos, sino un diálogo con hombres y mujeres de buena voluntad para dar testimonio de la llegada del reino de Dios.

Esta cultura del diálogo me parece particularmente importante en un mundo donde muchos creen dar soluciones a los problemas del mundo a través de la violencia y la guerra. La cultura del diálogo es una cultura de Paz. Todo diálogo verdadero es una aventura.

El anuncio del evangelio

La necesidad del diálogo no le quita nada a la urgencia de la Misión que, normalmente, tiene que ir hasta el anuncio explícito de Jesucristo. En el corazón de la Misión, hay un inmenso deseo de proclamar el amor de Dios manifestado en Jesús, el Señor. Este deseo que vive en el corazón de los grandes misioneros, yo pienso en San Francisco Javier muerto en una islita frente a la China, quemándose del deseo de anunciar el evangelio.

En Canadá se habla mucho de una crisis de la fe, yo me pregunto si no se trata mas bien de una crisis del deseo. La sociedad de consumo donde vivimos amenaza la extinción del deseo. Esto tal vez explica que muchos se quejan sobre las dificultades donde nosotros vivimos pero pocos están listos a comprometerse.

Un Padre de la Iglesia dijo: "hay muchos Padres pero pocos obreros". Es bueno darse cuenta del mal funcionamiento de las estructuras, pero hacen falta nuevos actores comprometidos aun con sus vidas para crear un mundo nuevo.

Recientemente, nosotros vivimos en nuestra diócesis la llegada de un joven en misión. Durante la homilía yo recordé que el bautizo nos es dado no solamente para la salvación sino también para la misión. Después de la celebración el padre de este joven me dijo que este vínculo entre bautizo y misión le había ayudado a comprender el sentido de la vocación de su hijo.

En el evangelio de San Marcos vemos que el Espíritu Santo vino sobre Jesús en el momento de su bautizo en la forma de una paloma. Un comentador de este evangelio señalaba que el significado de la palabra paloma en hebreo se dice "yonah" que nos recuerda al profeta Jonás enviado a la gran ciudad de Nínive.

Jonás tuvo miedo dc ir a Nínive, necesitó un retiro de tres días en el vientre de una ballena para decidirse a hacer la ruta que Dios le indicó. Nosotros también tememos a menudo anunciar el Evangelio en las grandes ciudades y sin embargo estas grandes ciudades juegan un papel importante en el mundo actual. Ellas representan un desafío inmenso para la misión.

Esta experiencia del bautizo de Jesús nos recuerda que el bautizo nos configura al Cristo enviado por el Padre. La conciencia de ser enviado estuvo en el corazón de la experiencia espiritual de Jesús.

A menudo hay quejas que después de haber recibido los sacramentos de la iniciación, muchos se alejan de la Iglesia y a veces de la fe. ¿La causa de esta situación no viene del hecho que no hayan descubierto la misión?.

3. ACTITUD A DESARROLLAR EN LA IGLESIA

Cuando Monseñor Julio Cabrera me escribió para invitarme a participar en este congreso, me decía que él esperaba que este congreso nos ayudara a escribir una página de Los Hechos de los Apóstoles de hoy.

A menudo tenemos una visión novelesca del libro de Los Hechos, un esquema simplista de la expansión constante y gloriosa de la Palabra, de Jerusalén hasta Roma. Esta visión desafortunadamente no resiste a una lectura cuidadosa.

Al final del libro de Los Hechos, encontramos un Pablo aislado en el apartamento que le sirve de celda en Roma. Su misión aparentemente es un fracaso, y esto también parece ser una ley de la misión.

Pero el libro de Los Hechos termina afirmando que Pablo "enseñaba lo que se refería al Señor Jesucristo con una completa seguridad y sin obstáculos". Actualmente, me parece que esta actitud se adapta a la situación que vivimos. La completa seguridad es la "parresia", una palabra muy importante en la cultura griega que quiere decir seguridad, coraje, entusiasmo, vigor. Una palabra que quiere decir que no estamos a la defensiva y que no practicamos la irresponsabilidad o la fuga.

El Libro de los Hechos nos dice también que Pablo enseñaba "sin obstáculos", es decir, que la Palabra de Dios no está encadenada, nada puede detener su camino. Este es el fundamento de nuestra esperanza.

Nos enseña que es dando la vida como anunciamos la vida.

Mons. Francois Lapierre
Obispo de Saint-Hyacinthe (Canadá)


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Boletín Nº126