A PROBLEMAS GLOBALIZADOS, SOLUCIONES GLOBALIZADAS.

En pleno siglo XXI aún seguimos hablando de luchas que ya parecen pasadas, caducas: reforma agraria, derecho a la tierra, seguridad alimentaria. Acá en Bolivia, y en concreto en Santa Cruz, no hay un día que no salga por los medios de comunicación una noticia relacionada con la tenencia de la tierra. Los más pobres siguen buscando asegurar unas cuantas hectáreas para asegurar su vida y la de su familia en el futuro. Los latifundistas siguen defendiendo, apoyados por la administración del gobierno, sus inmensas extensiones de terrenos que muchas veces son tierras de "engorde", baldías, inútiles, que no cumplen ninguna función social.

Y unidos a unos y a otros aparecen movimientos sociales y políticos para defender y dar apoyo ideológico y económico. Por parte de los grandes aparecen la Cámara agropecuaria del oriente y la Cámara de industria y comercio, curiosamente formada por ex-ministros o miembros de los gobiernos antecedentes, que son propietarios de grandes empresas agrícolas y de extensiones de terrenos, que buscan escaparse de los impuestos y las normativas vigentes. Por otro lado, los pequeños buscan su apoyo en el cada vez más fuerte MST (Movimiento de los Sin Tierra), en la Federación Única de Sindicatos agrarios y campesinos, y el MAS, nueva fuerza política que presenta un talante antineoliberal y de opción por los sectores más marginales.

Pero el problema es que parece que todo se pone en el mismo saco, como una misma problemática. Y es que ese es el gran "pecado estructural" del sistema de mercado: pensar que todos somos iguales ante la ley, aunque unos no tengan nada y otros vivan con sobreabundancia. En Bolivia la realidad del país sigue siendo mayoritariamente campesina, con producción familiar de subsistencia. Sin embargo aún hay una gran mayoría que no tiene en propiedad ni una hectárea de terreno, a pesar de que la reforma agraria prevee que cada familia tiene derecho a un mínimo de 50 hectáreas; y otros en cambio poseen más de mil hectáreas, aunque no las hagan producir y, sin embargo, busquen acomodar las leyes para no pagar impuestos.

Y frente a todo esto, vivido en lo cotidiano a nuestro alrededor, ¿qué hace la Iglesia? ¿No hay una palabra que decir? ¿Cómo situarnos? Esa es la pregunta que desde que llegamos acá a la Parroquia nos hemos estado haciendo. Y pensamos que la mejor forma de conocer y situarse es darse un tiempo para acompañar a los campesinos, asistir a sus reuniones de sindicato, promover espacios de reflexión para la defensa de sus derechos, hacer explícito el problema en las celebraciones que se realizan en todas partes, en definitiva, ser presencia que acompaña y anima esa realidad, para vivirla no al margen del evangelio, sino naciendo de la fe, desde lo profundo de un Dios que rompe con la lógica de la propiedad privada como un valor por encima del derecho de todos y todas a una vida digna.

Como parte de este trabajo hemos invitado a nuestra Vicaría (las cuatro parroquias de la zona) al coordinador de la CPT (Comisión Pastoral de la Tierra) de la diócesis de Caetité, en Bahía (Brasil) y a José y Pili (compañeros de OCASHA-CCS que están cooperando con la CPT de Caetité) para que nos ayudasen a reflexionar a partir de una misma experiencia compartida. La visita ha sido un gozo, no sólo por poder ver a José y a Pili y compartir cómo va todo el trabajo, reirnos y tomar alguna cervecita, sino sobre todo por poder aclarar posibilidades de trabajo. La rica experiencia de la CPT en Brasil es todo un aporte para seguir abriendo caminos también acá en Bolivia, donde el movimiento aún sigue buscando cómo articularse.

Después de tres días de viaje llegaron a Santa Cruz. Sólo tuvieron una parte de la mañana para descansar, pues desde el principio nos dedicamos a programar el trabajo de los 5 días siguientes: encuentro con una comunidad campesina, participación en un encuentro de la PASOC (Caritas) sobre el tema tierra, talleres a nivel de Vicaría para agentes pastorales y agentes sociales, encuentro en el congreso de la federación única de sindicatos campesinos...Un trabajo agotador pero que ha servido para sembrar nuevas semillas entra la gente que ha acudido a los talleres.

Algunas de las cosas que más se nos han quedado ha sido que no basta sólo la lucha por la tierra, sino también la lucha en la tierra, la lucha por establecer una relación con la tierra que sea sostenible, sustentable para el futuro, hacerla producir desde las diferentes experiencias que cada campesino tiene: recoger agua de lluvia, hacer producir tierras infértiles, etc.

Otra de las cosas que más se ha recalcado es la necesidad de una articulación de todas las fuerzas que trabajan en la lucha por la tierra. Articulación local, nacional, y por qué no, internacional. La unidad del movimiento campesino a nivel mundial no puede ser un sueño trasnochado, sino una reivindicación de la gran mayoría de la población mundial que sigue viviendo de la tierra como única forma de vida y que además mantiene a la otra parte de la población.

Y todo ese trabajo en sí ya es pastoral. Ese trabajo ya es presencia de Dios, evangelizadora, buena noticia para todos y todas los que trabajan en el medio rural y que sueñan, nunca mejor dicho, con una tierra nueva.

No sé, podría hablar de muchos detalles de estos encuentros que ha sido, realmente, un regalo, una posibilidad que no esperábamos. Pero creo que lo importante es que nos ha hecho sentir que ni el idioma, ni la distancia, ni la economía se hacen obstáculos imposibles cuando hay ganas de trabajar por la misma realidad. Ojalá que podamos hacer dar fruto acá también, a esa experiencia de la CPT.

José Manuel Mula y Piedad Donoso El Torno (Bolivia)
(Miembros de OCASHA-CCS)


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© 2004 OCASHA-CCS
Boletín Nº127