¡Hola a todas y todos!
¿Qué tal ese comienzo de curso? ¿Qué tal ese mes de agosto? En primer lugar, queríamos agradecer la cercanía en este mes (llamó Conchita, nos escribió Txus y Chema, y sabemos que Eloina estuvo preguntando por nosotros).
No podemos empezar de otra manera que no sea animando muy mucho a los que ahora están comenzando el curso. Un fuerte abrazo a los cinco y, como nos decían a nosotros, a tomárselo con tranquilidad. Por supuesto que van a contar con nuestra oración y, como ya los conocemos, hasta con nuestra curiosidad y deseo de saber alguna cosas de ustedes.
Nosotros seguimos aquí, en nuestra "caminhada em Brasil". Este mes haciendo medio año por estas tierras. El tiempo pasa y a veces ni nos damos cuenta de los progresos en nuestra misión. Pero sin embargo, día a día, vamos cogiendo confianza y responsabilidades y nuestro trabajo cambia. Casi sin darnos cuenta estamos trabajando en lo que parece un sueño para nosotros.
Y es que el mes de agosto ha sido muy intenso a nivel de trabajo. Algunos cursos, impartidos o recibidos (un curso de género que estuvo muy bien para continuar entendiendo la situación tan difícil de la mujer) y comenzar a coordinar un equipo diocesano de la CPT (Comisión Pastoral de la Tierra). Sin embargo, lo que realmente ha dado un salto de calidad es nuestra relación con la gente de las comunidades y sus conflictos. Hemos estado muchos días en el interior, ya que varias comunidades que acompañamos están pasando por momentos críticos. Esto hizo que estuviéramos mucho tiempo viajando.
El primer desafío fue con una comunidad llamada "Baixa". La situación se ha convertido en una situación de duro enfrentamiento. El propietario, amparado en una resolución todavía no definitiva, mandó a cortar toda la madera del área para venderla, quemó los cultivos de los trabajadores y les está impidiendo volver a trabajar. El corte de la madera es una forma de que la tierra pierda el valor y no sirva para vivir. Denunciamos el corte abusivo de árboles al instituto de Medio Ambiente y también estamos intentando luchar contra esa resolución, injusta ya que llevan 20 años trabajando allí. Así que nos fuimos a reunir con ellos, a buscar salidas técnicas a la situación y a decirles que nuestro Dios no los va abandonar porque Èl está con los pequeños y pobres, sus predilectos. La tarea era difícil pero ellos siempre terminan con esa fe y fortaleza, que en momentos tan duros de amenazas, a veces no sabemos ni de donde las sacan. Realmente son ellos quien nos están enseñando a nosotros a confiar verdaderamente en Dios...
En otra comunidad, llamada Fernando, cuatro trabajadores fueron denunciados a la justicia por estar cultivando en el margen del río. Esa tierra, por la ley, pertenece al Estado, pero el propietario de una hacienda cercana dice que es de él (aunque no tenga ningún papel que verifique eso.) A pesar de no tener documentos, como tiene dinero, puede pagar un abogado, accionar la justicia e intentar amedrentar a los campesinos. Nosotros fuimos a estar con ellos, "a colocar" a Dios en medio de esta lucha. Organizamos una pequeña manifestación hasta llegar al edificio del juzgado. Nos reunimos unas 50 personas (entre los campesinos del área denunciada, el sindicato de trabajadores rurales y otros campesinos de otras áreas que apoyan la causa). La situación empeoró cuando supimos que nuestro abogado no venía. Allí estábamos nosotros dos, con muy poquita idea de leyes, toda una mañana entrenando con ellos sus declaraciones. Pero llegado el momento, ellos mismos se defendieron. Era una escena tan injusta: allí en un lado el propietario con su abogado y en el otro lado cuatro labradores con mucho miedo y sin abogado. ¿En qué sistema vivimos? Pero ellos hablaron tan claro y bien, que al final el juez dio un plazo de estudio del caso, dando la razón a los labradores y permitiéndoles continuar cultivando (que es lo realmente importante porque es su sustento). Tras la audiencia, hicimos casi una fiesta con refresco, y todo para brindar que la justicia estuvo, en este caso, de parte de la verdad y de los pobres. Y eso sí que hay que celebrarlo. Después nos volvimos con el corazón cargado de fuerza y esperanza en que esto puede cambiar de verdad.
Ahora tenemos la situación de una comunidad muy pequeña, donde el alcalde se niega a darle la propiedad de la tierra (un trámite para él) y ellos están sin derecho a servicios públicos y ayuda básica. Por tanto, no tienen agua de calidad, luz... Desde la CPT nos estamos planteando promover la ocupación del edificio del ayuntamiento para que sean atendidos sus derechos. Vamos a ver cómo acaba esto. Como ven, y dicho con humildad, pues no es mérito nuestro sino de los que ya estaban aquí es otra pastoral y otra Iglesia la que estamos viviendo en Brasil.
Y como diría nuestro amigo Pedro, "pero sin que se les suba a la cabeza, que ustedes siguen siendo los mismos mierdas de siempre". Y es verdad, somos los mismos. Ni siquiera más valientes u osados. No, los mismos. Seguimos con nuestra mismas limitaciones, con nuestros problemas personales, de pareja, con la lengua, con... Pero eso sí, estamos descubriendo en nuestra carne, con nuestros errores y nuestros miedos, pero también con la buena intención que ponemos al hacer las cosas, que Dios no quiere superdotados, quiere gente normal que se ponga a ayudar con lo que es y con lo que sabe. Y que en este mundo, que no sólo existe en el telediario, sino que es de verdad, hacen falta muchas manos.
Bueno, les dejamos, esperando que esta carta no tenga un tono muy "moralizante", sino que puedan leer detrás de las líneas nuestra pequeña experiencia del "Dios de los pobres".
Un abrazo
Noe y Miguel Teresina (Brasil)
(Miembros de OCASHA-CCS)
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Boletín Nº127