El profesor Gómez Serrano, nos introduce en el análisis de nuestra realidad. Una realidad inmersa en la lógica de la globalización, aplicable no sólo a España sino a casi todo el mundo actual.
Observa un mundo con enormes problemas y posibilidades; en permanente y acelerado cambio; globalizándose aunque muy desigualmente; donde la fe cristiana ha perdido su suelo y se fija en 4 dimensiones de la vida social, preguntándose cómo influyen los cambios sobre la posibilidad de la experiencia de la fe, sobre la configuración de los valores personales, sobre la posible vivencia comunitaria y sobre la lucha por la justicia.
A) En lo económico: globalización competitiva
* Característica básica: del pacto socialdemócrata a la competencia sin regulación impulsada por factores objetivos (tecnología), políticos e ideológicos (neoliberalismo).
* Oportunidades: aumento de los negocios y la iniciativa, economía más flexible, relocalización de las empresas, productos más variados o más baratos, algunos países del sur han podido mejorar su economía (a pesar de todas las contradicciones), menor paternalismo público, mayor movimiento de ideas y personas (algunas)...
* Riesgos: incremento de la desigualdad a escala nacional e internacional, la desprotección, la fragmentación social, la exclusión, la vulnerabilidad, la incertidumbre, debilidad sindical, inadecuación de las instituciones económicas internacionales...
* Desafíos para el cristianismo: predominio del tener sobre el ser y del horizonte del bienestar sobre otras propuestas de sentido; aumento de la actitud competitiva sobre la cooperativa y traslado al campo humano de la mentalidad de mercado (todo se compra y se vende buscando el intercambio de “equivalentes”; contabilidad de beneficios y costes en las relaciones personales, filosofía del “usar y tirar” respecto a personas, causas y valores; buscar en la vida las “rebajas y las oportunidades”; predominio del marketing, la apariencia y la gratificación inmediata en las elecciones personales, etc.; ascenso del individualismo frente a la acción colectiva (búsqueda de la “salida individual” frente a la respuesta política); pragmatismo frente al cambio social y escepticismo respecto a las posibilidades de realizar cambios estructurales.
* Retos en positivo: mostrar con nuestra vida que “no sólo de pan vive el hombre” y que “la vida es más que el alimento o el cuerpo más que el vestido”. Acercarnos a quienes empiezan a estar hartos o vacíos en la sociedad del consumo y la satisfacción. Redescubrir el valor muy caro pero muy rico de la fraternidad (que se construye de fidelidad, capacidad para compartir en profundidad, aceptación del otro, ternura y solidaridad dado que la mentalidad dominante genera mucha soledad, estrés, agobio, depresión y desgaste por el afán de mantener a toda costa el éxito y la productividad). La autoestima verdadera requiere la “heteroestima” por lo que somos y no por lo que aparentamos o producimos. Entre nosotros todavía no parece predominar la persona postmaterialista con inquietudes espirituales (ambigüedad). El desafío monumental es el de los que quedan abajo y sobre todo fuera de la maquinaria económica: parados, incapaces para trabajar, inmigrantes con y sin papeles, excluidos y explotados varios.. Aquí lo irrenunciable es pelear por la renovación de las instituciones internacionales, por la redistribución de la riqueza, por la cobertura universal de las necesidades básicas, por la creación de esquemas de protección social.
B) En lo tecnológico: sociedades de la información desinformadas
* Característica básica: proliferación cuantitativa y cualitativa de los medios de comunicación: prensa gratuita, radio, cine, televisión (4 horas diarias los españoles), canales de pago, internet, móviles de nueva generación...
* Oportunidades: un conocimiento mayor del mundo, acceso directo a fuentes de información (libros, textos, revistas, grupos de debate), ahorro de tiempo en algunos casos, difusión muy veloz de ideas, nuevas formas de educación, nuevas modalidades de diversión, acceso a información alternativa gratuita, mayor comunicación con más personas, formas laborales nuevas...
* Riesgos: sustituir la relación o la comunicación por el contacto múltiple y superficial; que el tiempo de ocio acapare todo el tiempo no laboral; el triunfo de la cultura de la evasión y el entretenimiento (el zapping como actitud ante la vida y sus problemas); interpretación de la realidad simplificada, maniquea, sesgada y acrítica; dictadura de la publicidad como generadora de necesidades; predominio de la seducción sobre la argumentación y de la forma sobre el fondo; inundación de información sin capacidad de procesamiento; lo que no sale en los medios no existe; los medios están concentrados y sirven a amos ideológicos y económicos muy poderosos...
* Desafíos para el cristianismo: impulso de una cultura de la intrascendencia, de la trivialidad, de la “mera opinión” sin análisis de la complejidad de la realidad. Vivir con prisa y desde la superficie hace muy difícil la fe (sin interrogantes por la profundidad de la realidad, la problematicidad de la historia, por la interioridad, no hay sustrato para lo religioso) las preguntas por el sentido último de todo lo que vivimos y sobre el carácter dramático de la existencia humana escasean; el tipo de relaciones que estas tecnologías promueven son múltiples, flexibles y notablemente superficiales (ver el éxito de los mensajes de móvil y su densidad); estas tecnologías son el vehículo de la cultura del consumo y la diversión (la religión dominante). Muchas de estas tecnologías pueden conducir más al aislamiento que al encuentro directo (estudiar). El lenguaje de la imagen y el sonido es decisivo para los jóvenes, el lenguaje audiovisual produce una mentalidad distinta al escrito o el oral (esto es clave para la transmisión del mensaje o la experiencia cristianos y no digamos para el deseo de pertenecer y participar en la Iglesia). Las nuevas tecnologías vuelven a poner de relieve el desafío de la mentalidad científico-técnica a la sensibilidad y racionalidad religiosa que afirman el Misterio.
* Retos en positivo: necesitamos aprender estas tecnologías y sus formas de lenguaje. Sobre todo la articulación de lo audiovisual , lo escrito y lo oral que son imprescindibles para la comunicación de la fe. Las nuevas tecnologías permiten llegar a gentes por temáticas de interés común aunque no sean próximos físicamente. Permiten mantener relaciones pastorales muy intensas con jóvenes y adolescentes (que curiosamente se abren más en internet que en directo). Permiten difundir mensajes de corte profético o solidario a bajo coste. Aprender a ver la tele, el cine o la publicidad es una labor educativa y pastoral de primera magnitud. Estos vehículos pueden servir al puro espectáculo o la evasión, pero también tienen un fuerte potencial simbólico. Hay películas, fotografías, comics y canciones con enorme capacidad evocadora y provocadora.
C) En lo político: democracia sin utopía
* Características: la democracia como dato, no como pasión o conquista; funcionan las instituciones, ante la indiferencia de las personas (más individuos que ciudadanos).
* Oportunidades: el pluralismo ético, ideológico y político es asumido por la mayoría; existe, en general, una saludable tolerancia y respeto frente a radicalismos de otras épocas. El marco de convivencia ha sido un logro extraordinario de las últimas décadas (dejando al margen el fenómeno terrorista). Se asume como lo más natural del mundo la igualdad (en particular la de género) y la participación. Las instituciones de la democracia se perciben como las más legítimas. Existe una notable estabilidad social, aunque en los últimos tiempos haya aumentado la crispación y la preocupación con el deterioro del orden público. Los españoles reclaman del estado una intervención decidida para promover el bienestar social. El fenómeno del voluntariado, de las ONGs y el discurso sobre la ciudadanía son pequeños destellos de esperanza.
* Riesgos: baja militancia y envejecimiento en la mayoría de las organizaciones sociales (sindicatos, partidos, Iglesias); las organizaciones políticas son conjuntos de cuadros profesionales más departamentos de márketing y no tanto organizaciones que articulan proyectos sociales y valores colectivos; el desinterés por lo político respecto al proyecto personal o familiar es patente en la mayor parte de la sociedad. El tejido social es débil y la continuidad en el compromiso sociopolítico muy baja. Los líderes políticos y la actividad política son poco valorados por el resto de los ciudadanos. Éstos son solidarios de demanda (piden al estado que resuelva los problemas), pero no de oferta (no se implican mayoritariamente) ni de bolsillo.
* Desafíos para el cristianismo: el triunfo de la solidaridad indolora y del compromiso light o, peor aún, el del pasotismo político o de las actitudes reactivas (ante el terrorismo, ante los inmigrantes...); la instalación y la indiferencia de los satisfechos que son la mayoría (como en USA, los hijos de los obreros se han acomodado y ahora no reclaman más igualdad y justicia); el enfrentamiento con el pensamiento neoliberal; la articulación de un discurso integrador y solidario de los nacionalismos, del estado español, de Europa y del mundo; el auge de un realismo escéptico que acalla la utopía y la esperanza; la vuelta del asistencialismo, el paternalismo y otras formas de “maquillaje” de la injusticia; recuperar el diálogo social para evitar la confrontación Iglesia-resto de la Sociedad clarificando que es la laicidad sana, más allá del confesionalismo, el laicismo o la privatización de la fe.
* Retos en positivo: la Iglesia sigue siendo una institución generadora de valores solidarios, de motivaciones altruistas, de pensamiento crítico, de tejido social, de iniciativas liberadoras, acogedoras, sanadoras y proféticas. Mantener una espiritualidad de realismo y esperanza, de resistencia contracultural alegre. La fe tiene una dimensión social y política (esto molesta tanto a los políticos, como a los periodistas como a los feligreses). Acoger, compartir y pelear con los pobres que son muchos y variados: ancianos, solos, enfermos, extranjeros, etc. Practicar cierta tozudez a favor de los últimos (no todo en nuestra sociedad es cosa de broma). Jerarquizar los temas en que es necesario ser flexibles y cuales en los que hay que ser insobornables o políticamente incorrectos. Asumir dentro de la Iglesia todo lo positivo de la cultura democrática: igualdad, participación, control del poder, transparencia, debate, consenso, respeto al otro, derechos humanos...
D) En lo cultural: la modernidad postmoderna
* Característica básica: mientras la economía y la tecnología siguen fieles al paradigma moderno (racionalidad, eficacia, esfuerzo...) en el mundo del no-trabajo triunfan los valores postmodernos (relatividad moral, emoción, estética...)
* Oportunidades: la postmodernidad saca a la luz lo que la mentalidad moderna y la tradicional habían olvidado, aunque no olvida los logros económicos, científicos y políticos de la modernidad. Se recuperan la subjetividad, la importancia del cada uno, de lo pequeño, de lo parcial, del presente. ¿Humildad o claudicación del pensamiento y de la ética? Después de tanto deber moral y militancia ética Ana Belén canta que “para la ternura siempre hay tiempo” para recuperar el mundo de los afectos, del arte, de las sensaciones, ¿cansada de “hacer la muralla”?. El dogmatismo y las visiones del mundo totalizadoras se ponen en cuestión y la verdad pasa de ser posesión obvia y clara de un grupo a percibirse como plural, repartida, llena de matices, casi imposible de alcanzar.
* Riesgos: la absolutización del yo y de sus deseos lleva a la instrumentalización de todo en función propia; el sujeto se fragmenta; la instancia superior de la propia conciencia puede degenerar en relativismo o en indiferencia moral; la razón puede quedar en mera opinión o preferencia; la motivación para la acción depende demasiado del gusto o la apetencia; la estética (del arte efímero) se convierte en una sucesión de modas provocadoras; la imagen sustituye a la identidad; las sensaciones a los sentimientos; las relaciones interpersonales se vuelven más frágiles, al depender demasiado del grado de gratificación a corto plazo que reporten. Bien es verdad que este clima genera conocidas patologías: vacío, agobio, desorientación, estrés, adicciones compulsivas... ¿No será la posmodernidad la válvula de escape domesticada y poco subversiva de la represión, el esfuerzo y la frustración generada por el rigor del sistema económico, político y tecnológico?
* Desafíos para el cristianismo: la salvación cristiana se presenta como excesiva para la mentalidad posmoderna: la encarnación asombrosa, la vida de Jesús admirable pero demasiado arriesgada y comprometida, su muerte un verdadero espanto, la resurrección inimaginable para el suave nihilismo que predomina. Si vivir es “estrujar la vida”, entonces “entregar la vida” parecerá un desatino. Si “depende, todo depende” entonces la pretensión de que en Jesucristo se ha producido la plenitud de la entrega de Dios a la humanidad y la realización máxima del ser humano no dejará de parecer escandalosa. El narcisismo, el nihilismo, el hedonismo y el individualismo tan propios del momento, son serios obstáculos para abrirse con confianza y esperanza al otro “pobre”, al otro “hermano” y al totalmente otro “Dios”.
* Retos en positivo: ¿Por qué la Iglesia tiene que ser una comunidad mística o moral y no una comunidad emocional y estética? ¿Tiene que ser fea y fría para ser creyente y comprometida? ¿Por qué lo bueno y lo placentero tienen que estar opuestos si la alegría es uno de los principales signos del Reino? ¿Por qué las normas, el miedo, el deber y el derecho canónico van a crear mejores comunidades que el cariño, la ternura, el perdón y la ayuda mutua? ¿Por qué va a ser mejor testimonio el de la posesión dogmática de la verdad que el de la búsqueda humilde y confiada de su rastro? Pero cabe preguntar: ¿Será verdad que es lo mismo tener una vida llena o rellena que tener una vida plena? ¿Es lo mismo nivel de vida que calidad de vida? ¿Es lo mismo sobrevivir, ser un vividor o tener una vida abundante que salta a la vida eterna?
Pedro J. Gómez Serrano
(Catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid)
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Boletín Nº128