RECUERDOS DE MI EXPERIENCIA EN EL CURSO DE FORMACIÓN Y EN AFRICA

Recordar cronológicamente lo que sucedió hace 17-18 años no es difícil, pero recordar lo que yo sentía en aquellos momentos ya es otra cosa. Y más difícil aún explicar lo que yo percibía de lo que las responsables de OCASHA (lo de Cristianos con el Sur vino después) sentían ante la novedad de la opción de abrir la cooperación al continente africano, de una forma permanente e incluso prioritaria. Lo voy a intentar.

Mi primer contacto con OCASHA fue en el verano del 86 y ya en el siguiente curso (86-87) hice las Jornadas de Formación. También tuve la suerte de vivir unos cuatro meses en José Marañón con dos compañeros de las Jornadas. Éramos enfermeros y estuvimos haciendo un postgrado en Medicina Tropical en la Universidad Complutense. Esta oportunidad de vivir en el corazón de la asociación nos hizo disfrutar de la verdadera esencia de OCASHA, y por eso a mí ya no me cupo ninguna duda sobre mi elección por OCASHA.

Durante las Jornadas se explicaron varios proyectos: uno sólo en África, en Guinea Ecuatorial, en un distrito llamado Akonibe. Era un proyecto atípico para OCASHA porque no era pastoral. Pedían sanitarios y profesores y claro, la posibilidad de toda la pastoral que quisiéramos porque el proyecto estaba enmarcado en una parroquia llevada por la comunidad escolapia. Éramos cuatro o cinco los interesados y se nos ofreció la posibilidad de ir en verano a conocer el proyecto.

Era un privilegio poder ir a ver tu posible proyecto y luego elegir sobre seguro (es un decir) La justificación de este privilegio era que dos personas de la asociación habían estado allí el verano anterior y habían vivido experiencias tan difíciles que creían en conciencia que antes de enviar un equipo a Akonibe por 3 años, las personas debían conocer el lugar, las condiciones de vida, las circunstancias del proyecto, etc.

La verdad es que a mí me asustaron un poco. No alcanzaba a imaginar las grandes dificultades que íbamos a encontrarnos, ni los peligros, ni lo inaguantables que iban a ser el calor y la humedad, lo extraño de la comida y las costumbres... Pero nos fuimos. Éramos cuatro chicas y estuvimos 6 semanas en un pueblo del distrito de Akonibe llamado Nvom. De allí tengo tantísima vida que contar que nunca acabo. Sólo diré ahora que ciertamente sí hubo dificultades, peligros, calor, humedad... Pero que ninguna de las cuatro lo hubiéramos cambiado por nada.

No soy capaz de hablar de aquel verano y no contar dos cosas de mi madre. Cuando llegamos a Barajas con nuestros vestidos africanos, ella me abrazó y como que me tocaba los brazos y me miraba de arriba a abajo y por fin dijo: ¡estás enterita!. Y cuando en vísperas de ir al Curso Intensivo de Formación me veía leer y escribir mucho, me preguntó que hacía; cuando le expliqué que preparaba un trabajo sobre Bolivia porque podía ser que fuera allí me respondió algo así: de eso nada, tu vuelves a Guinea, con lo bien que habéis estado allí...

Bueno, pues eso, que hicimos el Curso Intensivo de Formación y ahí sentí que me crecía otro miedo porque las responsables de la asociación no hacían más que repetir la importancia que tenía un primer equipo de OCASHA en África. Que íbamos a ser pioneros y que se cumplía así una ilusión de años: la asociación se abría a África. A mí eso de ser pionera se me hacía un mundo, me quedaba muy, muy grande y sentir tantas esperanzas e ilusiones puestas en el nuevo equipo me resultaba una responsabilidad excesiva. Pero bueno. Durante los meses del curso, entre risas, clases, paseos, trabajos, bromas, tareas domésticas y demás cotidianidades, se fueron definiendo equipos y proyectos. Para Akonibe la cosa se concretó en Isabel, de Badajoz, maestra (ya no está en la asociación), María y su marido José Eduardo, de Madrid. Ella licenciada en Bellas Artes y él Ingeniero de Telecomunicaciones y yo, Loli, de Salamanca y enfermera.

El 8 de marzo del 88 salimos para Guinea Ecuatorial. Creo que ya despojados de los temores y esperanzas de las responsables de la asociación y seguros de cargar los propios. Como habréis experimentado todos los que habéis salido, el cúmulo de sensaciones, sentimientos, vida comunitaria, experiencias, amigos, sacrificios, tareas, penas, alegrías, bailes, plegarias, renuncias, lágrimas, risas, decepciones, trabajos en equipo, enfados, etc, etc, etc. Es algo muy difícil de resumir y de explicar con pocas palabras. Yo siempre digo que aquellos años (finalmente fueron cinco largos) han sido los mejores de mi vida y no los cambio por NADA.

María Dolores Silguero Martín
(Miembro de OCASHA-CCS)


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Boletín Nº128