Podría revisar algunos datos estadísticos que nos harían temblar, podría también hacer un análisis del orden económico mundial, de los caminos de la globalización, de las estructuras de injusticia social y económica que estamos creando y después dar una pasada por los grandes trabajos y luchas para paliar esta plaga del hambre, pero creo que quien mejor puede hablar de ello es quien lo está sufriendo en su propia piel. Yo, cansada de revisar esos datos estadísticos, prefiero dar la palabra a quien de verdad lucha día a día por escapar de la muerte. No me hizo un gran análisis de las causas o de los retos del futuro, simplemente me habló de su vida, de sus sueños, de sus esperanzas… No se acaba de creer, incluso, que su historia pueda interesar de verdad a alguien, pero su testimonio creo que es el mejor de los que nunca podremos oír; es la voz de los que nunca tienen voz, la voz de los excluidos.
Se llama Cristina Kwayela, no sabe exactamente su edad. El año pasado su hija la llamó para entregarle una nieta que decía era deficiente y ella no conseguía cuidarla, y así fue como llegó con Teresa a nuestro centro de tratamiento de tuberculosis. ¿Alguien puede imaginar una niña de 4 años y siete kilos de peso?... Así era ella. Sólo le pregunté tres cosas, la primera cuál es la fuerza que le mueve a luchar por sobrevivir cada día, la segunda aquello de lo que se siente más orgullosa de su vida y finalmente cuál es su sueño, aquello que le gustaría hacer en su vida y ahora no puede.
"… Para mi, lo que más me ha ayudado en los momentos duros de mi vida ha sido mi fe, con mis oraciones conseguía vivir cada día. Le pedía a Dios que me ayudara, que me diera fuerza para continuar adelante… Creo que de lo que me siento más orgullosa en mi vida es ver que ahora tengo la seguridad de que mi nieta no va a morir. Cuando llegué al hospital no contaba que iba a sobrevivir, muchas veces pensé en huir, llevarla a hacer tratamiento tradicional. Cada vez le decía eso a algún enfermero, él me decía que esperara un poco, sólo una noche, yo les hice caso.
Ahora veo a mi nieta y se que va a recuperarse, que está muy bonita, que está viva… no tengo como agradecer… Lo que me gustaría hacer algún día que ahora no puedo, volver a pagar la cuenta del hospital. Ahora veo que las otras madres están a pagar las camas, y yo estoy aquí, sentada, sin poder hacer nada, y me siento mal por eso. También me gustaría comprar un vestido para mi nieta porque no me gusta que esté todo el día desnuda…"
Cualquier persona pensaría que lo mejor es pagarle la cuenta del hospital, yo simplemente le voy a regalar un bonito vestido el día de su alta, voy a esperar que ella junte el dinero para venir a pagar. Tengo la seguridad que va a volver, aunque yo nunca lo pueda llegar a ver.
Toda mi vida al ver imágenes en la televisión de niños desnutridos, lloraba, pensaba que algo podría hacer para cambiar este mundo. Ahora se que no voy a cambiar nada, la diferencia es que ahora les puse nombre, les puse cara, les di mi trabajo y mi cariño y cambié las estadísticas y las imágenes por personas.
Neus Peracaula Pueyo - Angola
(Miembro de OCASHA-CCS)
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Boletín Nº128