A JUAN PABLO II Y BENEDICTO XVI

La Iglesia entera, todos los cristianos hemos dado el adios agradecido y emocionado al Vicario de Cristo en la Tierra, a Juan Pablo II.

Ha sido un pontificado largo (casi 27 años) y fecundo. Con sus limitaciones y defectos, dejaría de ser hombre si no los tuviese. Hay quien se fija más en lo negativo, yo no.

Yo veo tu coraje evangelizador, tus viajes y desvelos por mostrar al mundo entero el amor de Cristo a todos y cada uno de los hombres; tu inquietud ecuménica dando grandes pasos hacia la unidad de los cristianos, tu respeto profundo por todas las religiones, convocando a los líderes de las más diversas confesiones para orar juntos por la paz y testimoniar la vida trascendente; la defensa incansable de la dignidad del hombre, tu rico magisterio; ese pedir perdón por los pecados de la Iglesia a lo largo de su existencia; la atracción que ejercías sobre la juventud y tantas y tantas cosas que están en la mente de todos.

Ya estás en la casa del Padre, muy cerca de la Madre “Totus tuo” y, como dijo el entonces Cardenal Ratzinger, “nos miras desde la ventana del Cielo y nos bendices”. Si, ya estás intercediendo por todos nosotros, por la Iglesia a la que serviste con tanta dedicación, y desde ese lugar privilegiado continúas gritándonos: “No tengáis miedo, abrid a Cristo las puertas del corazón”.

Ahora es Benedicto XVI el que recoge tu báculo y tu herencia y el que repite tu llamada, “abrid las puertas a Cristo”, el que se presenta como el “humilde trabajador de la viña del Señor”. El destinado por el Espíritu Santo para dirigir la barca de la Iglesia, esta “iglesia que está viva” y que tiene que continuar “mar adentro”, ofreciendo al hombre el profundo sentido de la vida que les llene de esperanza y les haga más felices.

¡Bienvenido seas, Benedicto XVI!. Sabemos de tus dotes, tu preparación teológica y cultural, tu entrega, tu gran inquietud porque la verdad de Cristo resplandezca. Lo vemos en tu lema episcopal “cooperador de la Verdad”.

Tu sencillez y humildad me han cautivado. Dirigiéndote a los pastores y fieles nos dices: “espero vuestra ayuda, concededme vuestra confianza”.

Queremos responderte con un SI. Queremos ofrecerte nuestro respeto, nuestra fidelidad, y sobre todo la decisión de ser también trabajadores en la viña del Señor. Queremos elevar nuestra oración para que emprendas esta andadura con ánimo sereno.

Aquí tienes una minúscula obra de la Iglesia, OCASHA-CCS (Asociación de laicos misioneros de la Iglesia Católica al servicio de los pueblos del Sur. Coopera en la evangelización, promoción y el desarrollo de los pueblos), que quiere ser fiel a su ser cristiano, a su ser Iglesia, a su misión en la tierra: trabajar en la extensión del Reino, y que te acoge con gran cariño como nuestro Pastor y Guía, y quiere ser fiel a tus orientaciones y magisterio.

Pedimos por ti, aquí nos tienes, cuenta con nosotros.

Lucía Rituerto Miquele
(Miembro de OCASHA-CCS)


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Boletín Nº128