El teólogo y militante de la Iglesia de Liberación en Bolivia es capaz de gastar su vida por los demás como Luis Espinal, de amplificar la voz del Espíritu Santo a través de un micrófono de radio como Roberto Durette, de marchar con el pueblo en rechazo al ALCA como Gregorio Iriarte, y de comulgar diariamente frente al rostro indio de Dios como lo hace Xavier Albó
UN MANUAL DE FE Y CAMBIO
Bolivia es un país esencialmente cristiano en el que no todos están satisfechos con la sola participación en el culto. Muchos se comprometen con el cambio social y hacen posibles los cambios históricos. Son esos los cristianos que dan vida a la Teología de la Liberación.
Eso explica la participación de sectores de la Iglesia en los procesos de cambio social en favor de los pobres. No constituyó una identificación superficial pero resultó una afiliación con ellos, a través de la acción, testimoniada por el martirio impuesto por regímenes militares a sacerdotes y laicos comprometidos. Tras el paso de los gobiernos dictatoriales, que aplastaron conciencias y libertades, la Iglesia boliviana, sensible a los signos de los tiempos, inicia un periodo de rearme espiritual.
El gobierno de Hernán Siles Suazo (1982-1985), de tendencia izquierdista, se desintegra prematuramente un año antes de concluir su gestión, y al mandatario que le sucede no le tiembla la mano para dictar medidas de emergencia radicales contra la crisis que se traducía en caos bancario, fuga de capitales y carencia de pan en las calles.
Con el Decreto Supremo 21060, de Ajuste Estructural, el presidente Víctor Paz Estenssoro inaugura la época neoliberal en Bolivia. Consigue frenar la hiperinflación, pero a un costo social demasiado elevado. Cierra fábricas y provoca el éxodo de 30 mil trabajadores de la minería nacionalizada a los arrabales de las ciudades y a los llanos inexplorados del trópico cochabambino. Ni los dirigentes sindicales de la histórica e inclaudicable mina Siglo XX se quedan para hundirse con el barco. Todos se marchan de las minas. Únicamente permanecen los oblatos de la radio minera Pío XII, entre ellos el Padre Roberto Durette, quien en una frase explica lo ocurrido: "El gobierno logró su cometido porque quienes estaban comprometidos, ya no están". Los "relocalizados", como se denomina a los que salieron, esparcieron la levadura de su formación revolucionaria en los lugares de destino, y se constituyeron en comunidades de vida, muchas de ellas con clara orientación de la Teología de Liberación.
Religiosos comprometidos se unen a este peregrinaje. Según el sacerdote minero Guillermo Siles, "la Iglesia fue la primera institución en oponerse a esta nueva política neoliberal porque se preveía las consecuencias que lamentamos". Agentes de pastoral y sacerdotes de base ayudaron para que el cambio de vida no sea del todo brusco y, junto a los relocalizados, buscaron la ubicación de la Iglesia en la nueva realidad nacional. Esto es lo que el teólogo Gregorio Iriarte define en su “Análisis Crítico de la Realidad Boliviana”: un manual de fe que cuestiona las inequidades y las necesidades de la sociedad boliviana a partir del ver-juzgar-actuar de las personas. Es nueva forma de hacer teología, denominada Teología de la Praxis.
PRAXIS Y ÉTICA CRISTIANA
Se suceden los regímenes democráticos que, como en las dictaduras, hambrean y reprimen al pueblo y dejan las arcas del Estado al borde de una taquicardia financiera, ocasionada fundamentalmente por una mala distribución de los recursos públicos y por desfalcos orquestados desde Palacio Quemado y desde el Congreso Nacional; hechos que inscriben a Bolivia entre los países más corruptos del mundo. Se acumulan planes y reformas y crece incontenible el número de desempleados, pobres e indigentes. Solidaria con el dolor de la gente, los sacerdotes de a pie y las comunidades eclesiales de base se unen al pueblo en una campaña abierta contra la idolatría de la globalización y el neoliberalismo. Y, aunque los cambios en la sociedad los lidera el mismo pueblo, impelido por la situación de injusticia y extrema pobreza que soporta, y no ningún sector intelectual ni clerical, algunos miembros de la Iglesia contemporánea como Xavier Albó, Gregorio Iriarte y Roberto Durette participan efectivamente de estos cambios con su activismo cristiano y panfletario.
Motivados por la insurgencia de los curas de base, los obispos de Bolivia se pronuncian igualmente en contra de los dioses de la economía. El giro que da la Iglesia, en Bolivia, inspirado por la Teología de la Liberación, dejó malparados a quienes aún creían que se podía transar con ella para encubrir el fetichismo del poder. A partir de la relocalización y de las jornadas sucesivas de lucha social como la Guerra del Agua en Cochabamba (abril del 2000), las movilizaciones de la "otra Bolivia" en el altiplano paceño (septiembre del 2000), las exigencias cada vez mayores de justicia y dignidad que reclamaba el pueblo empobrecido, se logra que la iglesia de la conciliación, ("la que pone parches para suavizar las asperezas de esta sociedad de clases, la iglesia institucional y burocrática", Luis Espinal Camps, 1979), se rinda a la iglesia de la ruptura. Ante el clericalismo conservador, la Iglesia revolucionaria enarbola como escapulario de lucha: el hambre del pueblo y su sed de justicia social.
No extraña, por ello, que si hace 30 años sólo la sociología se ocupaba de los pobres, en la actual coyuntura, la teología también lo hace y ha asumido como propios temas que antes eran combatidos por la jerarquía eclesiástica por ser considerados marxistas y comunistas: como las críticas al capitalismo, al neoliberalismo, a la deuda externa, y, recientemente, al ALCA.
Las comunidades de base, los sacerdotes adscritos a la Teología de la Liberación, luchan abiertamente contra el ALCA porque consideran que la economía dominante del continente es opuesta a la dignificación de los pobres como protagonistas de su historia. La marcha de los sacerdotes de base, en Santa Cruz, en contra del ALCA (octubre del 2002), es una señal de que -a despecho del poder gubernamental- la Iglesia de la Liberación en Bolivia está haciendo su propio camino.
Pero, si bien la Iglesia como institución ha sido empujada hacia una transformación, cambio que se expresa fundamentalmente en el contenido de las cartas pastorales y en las homilías, sus acciones se muestran limitadas por su estrecha ligazón con el poder, como lo denuncian grupos de cristianos junto a sectores campesinos y sindicales.FORO JUBILEO Y DIÁLOGO NACIONAL
La actuación de la Iglesia de Liberación en Bolivia es también contra la deuda externa. Un problema continental del que ha hablado bastante la Iglesia latinoamericana. Al llegar el año 2000 el pueblo boliviano en su conjunto se plantea en serio el problema de esta deuda contraída con los países desarrollados y le da un tinte distinto: la considera una lucha contra el imperialismo y, además, a favor de los pobres.
Entre el 24 y 28 de abril del 2000 se reunieron en la ciudad de La Paz diferentes grupos de la sociedad civil boliviana y miembros de la Iglesia que conformaban el Foro Nacional Jubileo 2000 para analizar, entre otros puntos, la iniciativa de alivio de la deuda externa de los países pobres altamente endeudados. Por esta iniciativa, se condona parcialmente la deuda de los países pobres, y los recursos que debían ser transferidos a los acreedores externos, para amortizar capital y pagar intereses, son destinados a la inversión social interna: salud, educación e infraestructura básica.
Sin embargo, se estableció que los fondos liberados -1.300 millones de dólares- no alcanzaban ni mínimamente para solucionar el problema de la miseria estructural y que, contradictoriamente, lo que se perdía por cuestión de precios de las materias primas era mucho más de lo condonado.
El Foro Jubileo 2000 fue una iniciativa de los obispos de Bolivia que aglutinó a 21 organizaciones e instituciones nacionales empeñadas en darle coherencia al Plan de Lucha contra la Pobreza, que planteó como pilar de su programa el gobierno de entonces.
EVANGELIO DE ACCIÓN
El teólogo y militante de la Iglesia de liberación en Bolivia practica un evangelio de acción y centra su espiritualidad en el sufrimiento de un pueblo que es la reencarnación de Cristo crucificado y, como él, se opone a cualquier idolatría. Es capaz de gastar su vida por los demás como Luis Espinal, de amplificar la voz del Espíritu Santo a través de un micrófono de radio como Roberto Durette, de marchar con el pueblo en rechazo al ALCA como Gregorio Iriarte, y de comulgar diariamente frente al rostro indio de Dios como lo hace Xavier Albó.
Gregorio Iriarte, oblato, devoto del Cristo del Pesebre, pobre y sin privilegios, es crítico implacable de todo sistema de explotación y represión. Llegó a Bolivia, como Roberto Durette y otros religiosos de su orden, para catequizar a los comunistas de la mina Siglo XX y terminó catequizado por la verdad. Y lo reconoce abiertamente: "Realmente fueron los trabajadores y los sindicalistas quienes nos enseñaron a leer el Evangelio de otra manera, y a partir de ese cambio la parroquia de Siglo XX y las demás parroquias mineras pasaron, de una manera rápida, a ser vanguardia de la Iglesia progresista boliviana".
Gregorio combina su actividad pastoral con su aporte intelectual. Libros como Análisis Crítico de la Realidad, Deuda Externa y Ética Cristiana, entre otros, desentrañan la situación de conflicto de la sociedad boliviana para releerla a la luz de la Teología de la Liberación. Sin embargo, su aporte más importante a la Iglesia liberadora es su trabajo con las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) que -como él mismo explica- están constituidas, en su mayoría, por gente pobre y por lo tanto florecen en barrios pobres o marginales, aunque también hay gente que no pertenece a esta clase social y que está comprometida con ella. Las CEBs bolivianas son comunidades en acción, por tanto, su trayectoria va en sentido del compromiso concreto, en la zona de trabajo y en la sociedad.
Xavier Albó, coordinador latinoamericano de la pastoral indígena, vive en una comunidad rural, convive con la gente de ese lugar y revive la figura de Cristo en el rostro anónimo de más de cuatro millones de indígenas bolivianos que no tienen cabida ni participación en el gobierno boliviano. "Rostros indios de Dios" y "La cara campesina de nuestra historia", son libros que explican, abundantemente, la participación del habitante del agro en la obra salvífica de Dios en cuanto comprometido con los procesos de cambio aquí y ahora.
UNA TEOLOGÍA DESDE LA OTREDAD
A la luz de la Teología de la Liberación, la Iglesia de Bolivia ha dejado un secular sometimiento al poder mundano arrastrado desde la Colonia. En las postrimerías del siglo XX se constituye en la Buena Nueva de mártires que lucharon por la liberación del país en tiempos de dictadura. Esa Iglesia marcha -aquí y ahora- junto al pueblo por dignificar la democracia y está empeñada en trabajar más el campo de humanidad/humildad. La Iglesia de Liberación en Bolivia si bien ha avanzado en la lucha contra el sistema económico, patentizada en una oposición militante contra el modelo neoliberal, el ALCA y la deuda externa, no ha atacado con decisión otros aspectos, como el cultural y el social: la cuestión de la discriminación de género o el vía crucis de los migrantes, por ejemplo. El caso de la migración es bíblico. Los migrantes se han constituido en la nueva Israel que -perseguida por los bancos y la renta- camina en medio del desierto de la desocupación y la miseria en busca de mejor destino.
Se calcula entre un millón y medio y dos millones la cantidad de bolivianos (500 mil de ellos indocumentados) que viven en Argentina. Vale decir que la cuarta parte de la población actual de Bolivia ha emigrado a ese territorio buscando mejores condiciones de vida. La migración interna es igualmente descomunal. Miles de campesinos nor potosinos configuran actualmente los anillos de pobreza de las capitales de departamento bolivianas. Cuando se habla de los campesinos del norte de Potosí -el elemento más visible del crecimiento de la pobreza en Bolivia- resulta tentador asociar este fenómeno social, de reciente data, a una Teología desde la indianidad. Teología india que aun avanza a gatas.
José Luis Aguirre, director del Servicio de Capacitación en Radio y Televisión para el Desarrollo (SECRAD), dependiente de la Universidad Católica Boliviana, considera que no es precisamente una Teología desde la indianidad, sino desde la "otredad". Es decir, que cualquier alteridad que se plantea en la sociedad necesita una nueva forma de hacer teología: la teología de la Liberación a la luz de los oprimidos, para decirlo sin ambages. Quienes entretejen estas diferencias, ya mencionamos, son: mujeres, minusválidos, inmigrantes y otros componentes sociales marginados y marginales que conviven en un mismo tiempo y en una misma realidad, en un contexto dado.
NUEVOS PROTAGONISTAS
A propósito de estos estamentos sociales y los considerados tradicionales, se los ha visto retratados juntos -a partir del 6 de agosto de 2002- en el nuevo Parlamento boliviano, en una amalgamación de ternos y ponchos que sugieren diversidad y cambio. Pero, los portavoces de los pobres no pueden quedarse solamente como un elemento folclórico. La diferencia no radica en que uno venga al Parlamento con poncho y el otro venga con terno, dice Aguirre. "La verdadera posibilidad de entendimiento y construcción democrática se da cuando los sectores enfrentados están dispuestos a escucharse mutuamente". Hoy en el Parlamento boliviano, los excluidos de siempre, indígenas y campesinos tienen una fuerte presencia y mayores posibilidades de ser escuchados. La cuarta parte de los parlamentarios (41) son representantes del Movimiento Al Socialismo (MAS) y del Movimiento Indígena Pachacuti (MIP), dirigidos por dos importantes líderes campesinos. Uno de ellos, Evo Morales, disputó la presidencia de la República el pasado agosto.
La fuerte presencia campesina e indígena en el Congreso nacional marca el elevado y creciente nivel de organización y de conciencia de estos sectores, en los que la Iglesia de Liberación trabajó para reforzar su sentido de dignidad, de defensa de sus derechos y sus sueños de autodeterminación. Campesinos e indígenas están avanzando, aunque tienen todavía mucho por recorrer para lograr sus aspiraciones. En este contexto, la participación de los laicos no tiene la relevancia deseada ni encuentra los espacios necesarios para dar a conocer sus puntos de vista, pese a que en los últimos años, a partir de la Teología de la Liberación, tanto en Bolivia como en América Latina, muchos de ellos se comprometieron incluso dando su vida, desde comunidades de base, desde movimientos guerrilleros, desde movimientos de liberación.
La actividad del movimiento laico en Bolivia está hoy muy dispersa. Adalid Contreras, ex secretario ejecutivo de la Unión Católica Latinoamericana de la Prensa, UCLAP (1998-2000), analiza que los laicos han perdido espacios propios de referencia, de reflexión y donde puedan proponer iniciativas y acciones.
"Con el cierre del periódico católico Presencia (1953-2001) yo creo que se pierde una referencia muy importante". Por lo que Aguirre considera importante recuperar estos espacios, tanto a nivel de comunidades eclesiales de base como a nivel profesional. La mayor dificultad es que "los movimientos de los laicos están más ligados al funcionamiento de la Iglesia, a diferencia de otros países donde el mundo laico se mueve sin la Iglesia. En Bolivia hay una estrecha relación y la dinámica de la Iglesia marca mucho sus acciones".
NUEVOS CAMINOS Y NUEVOS DESAFÍOS
La presión social del pueblo y la participación de la Iglesia determinaron que Bolivia haya retornado a la democracia y los militares a sus cuarteles. Es un paso hacia la libertad. En el presente escenario -democrático y neoliberal- en que de nuevo hay un silenciamiento sistemático de la justicia, la verdad y la libertad, la Iglesia de Liberación en Bolivia tiene algunos retos inmediatos: un mayor trabajo pastoral con la mujer y una integración ecuménica sólida. Además, el teólogo José Subirats considera que se debe enaltecer la dignidad de las personas frente a la influencia idolátrica de la globalización.
Con estos planteamientos de la 'Teología desde la otredad' que propone Aguirre, habría que colegir que se debe plantear esta alternativa como un campo de exploración fértil para este nuevo siglo. Sobre todo por su novedad de mostrarse dispuesta a comprender las diferencias presentes en las culturas de América Latina. De esta manera no pasarán desapercibidos por más tiempo trabajadoras del hogar, discapacitados, inmigrantes, vendedores callejeros, niños de la calle, samaritanas de la vida nocturna que, en resumen, constituyen el grupo social con el que Cristo convivía, en abierta confrontación al puritanismo y segregacionismo de fariseos, saduceos y maestros de la ley.
"Si evadimos esa nueva práctica de fe (la otredad) nos veremos huérfanos en herramientas. Tenemos que desarrollar una cultura de comprensión y de valoración de las diferencias, como una cualidad intrínseca de los sujetos. Si no cambiamos la noción de una teología absolutamente deductiva, vamos a seguir repitiendo una acción paternal que no asume las diferencias. La otredad, entonces, comulga con la esperanza. Es una práctica teológica distinta en la que se debe asumir la diferencia. Diferencia no para amalgamar, sino más bien para "creer" que uno tiene derecho a pensar distinto, que tiene otro origen y, de súbito, otras prácticas y destinos y, sin embargo, podemos ser fraternos.

Periodistas: Alonso Contreras Baspineiro, Gabriel Tabera Soliz y Vania Solares Maymura de la agencia www.econoticiasbolivia.com, La Paz (Bolivia): econews@ceibo.entelnet.bo
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Boletín Nº129