BOLIVIA CINCO AÑOS DESPUÉS

Escribir algo ahora después de tanto tiempo (a finales de este año habrán pasado cinco años desde que regresamos de Bolivia) es toda una experiencia. Parece mentira que desde la vida que se hace aquí hayamos vivido aquello.

Por otro lado, pienso a menudo con agradecimiento del regalo precioso que fue nuestra presencia, el vivir y actuar y sentir el profundo cariño de la gente de ese rincón tan pobre, aislado, abandonado y bello de los Andes de Bolivia, como es Aukapata. También es vivo el recuerdo de haber dejado a esa gente sencilla y tan necesitada. Dejar a un pueblo cuando se han creado lazos profundos de amistad es un dolor real.

Metafóricamente hablando no se si sembramos más o cosechamos más.

El silencio, la naturaleza, estar sumergidos en ellos, fatigarse, caminar a pié, intentar vivir algo como la gente.

La casa estaba abierta desde la mañana temprano, antes de las siete hasta después de la cena.

Trabajamos primero en un proyecto educativo y luego en promoción de la mujer, pastoral, desarrollo agropecuario y lo que podíamos responder a lo que se nos pedía (salud, educación...).

Quien conoce este rincón de Bolivia, a 300 kilómetros al norte de la ciudad de La Paz, provincia de Muñecas, valles interandinos entre el altiplano y el lago Titicaca por un lado y, por otro, los llanos tropicales, altas cumbres (entre todas domina el nevado Illampu con una altura de 6.400 metros) y valles muy hondos con ríos muy caudalosos. La población es prácticamente en su totalidad indígena quechua y aymara. En la zona quedan muchos restos arqueológicos de la era precolombina y preincaica; el centro más importante es la ciudadela de Iskanhuaya. Todo esto hace para el que está escribiendo un conjunto muy atractivo.

Con la gente se entra muy lentamente pero, una vez que has superado esa fase, ya eres como de ellos. Cuando nos venimos la gente decía: “¿por qué se van, que ya se han acostumbrado a nosotros?”.

Después de este tiempo, sólo quedan los buenos recuerdos, sobre todo el compartir con la gente y de esa manera. Por ejemplo, la acogida cuando íbamos a los lugares más alejados después de caminar a pié durante horas todo el día, o encontrar a alguien por el camino e intercambiar una charla, una sonrisa, coca, algo de merienda (“tyariqui hermano, descansaremos”). Todo esto crea el perfume de la nostalgia de Dios.

El año pasado estuve de visita un mes entre septiembre y octubre. Lo más conmovedor fue la calurosa acogida de la gente y del pueblo, con acto incluido. Fue un viaje de alegría y tristeza, haciendo todos la misma pregunta: “¿cuándo van a volver?” Y yo contestando “si Dios quiere o no se sabe”. Con mucha gente personalmente fue conmovedor. Muchas veces hubo lágrimas por ambos lados. Fue muy bonito compartir con el Padre Max (nuestro párroco) con el cual seguimos en contacto con una amistad que dura ya desde muchos años antes de que fuéramos a Aukapata.

De lo que hicimos allí queda funcionando el grupo de catequistas, que se organizan desde el centro de Huanco que pertenece a la parroquia de Aukapata. El centro CETHA, que se construyó desde los cimientos, ha estado funcionando en educación de adultos para las comunidades del sector, dependiendo de la administración de la escuela fiscal de Yanahuaya y económicamente del P. Max. Ahora está funcionando como centro de apoyo para la agropecuaria del sector. También crecieron las huertas familiares y la forestación que estuvimos implementando.

También decir que a nivel del país, sigue habiendo muchos problemas. Un amigo me dijo: “¿verdad que no ha cambiado ni un ladrillo desde que te fuiste? “ En La Paz cada día había manifestaciones, con el centro de la ciudad siempre colapsado y la primera pregunta que te viene llegando desde afuera es: “¿cómo puede funcionar un país así?”. Eran grandes las colas de gente en las embajadas de España y Estados Unidos para emigrar.

La impresión fue clara: una cosa es la vida en la ciudad donde un joven para sacar algo de dinero alquila hasta su móvil y otra cosa es el campo, sobre todo en nuestro sector, donde está trabajando bien la parroquia durante años y hubo un alcalde no corrupto que trabajó bastante bien.

Olvidaba algo importantísimo para nuestra familia: el segundo año de los seis de nuestro compromiso, nació Oscar, que vivió sus primeros años de vida respirando aire puro, jugando y haciendo volteretas un una plaza de puro césped y pisando los charcos que quedaban después de las frecuentes lluvias.

Todo esto gracias a OCASHA-CCS. Me despido con el deseo de que otra gente, otros jóvenes se animen a vivir algo diferente, que la sociedad normalmente no nos propone.

Francesco Amadei Ravagli
OCASHA-CCS


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Boletín Nº129