Debo comenzar diciendo que no se si debería yo escribir estas líneas, pues reconozco que soy parte implicada directamente y, por ello, poco objetivo. Pero, incluso así, voy a intentar plasmar en pocas líneas la trayectoria de un trabajo como el de las Yachay-Wasis que intenta complementar a la escuela en la educación a los niños y niñas basándose en los valores de la cultura tradicional andina.
No voy a describir el ideario del Movimiento Educativo Intercomunal Yachay-Wasi, no trato de presentar lo que se hace, tan solo “volaré” por encima de lo hecho hasta ahora para detenerme en los elementos sustanciales que explican el haber llegado hasta aquí y las posibilidades de futuro.
Se inicia el funcionamiento de la primera Yachay-Wasi en Potosí, en Octubre de 1989 ¡hace ya más de 16 años!. Son momentos de mucha presencia y dedicación de los compañeros que empezaron en Parota esta aventura. Poco a poco, se contagia la experiencia a otras comunidades y los voluntarios de OCASHA-CCS pasamos a tareas de coordinación y organización del trabajo en las distintas Yachay-Wasis. Llega el momento de la transferencia de responsabilidades a personas del lugar y, desde 1998, el trabajo continua con un equipo coordinador ya sin españoles.
En este año 2005 he tenido la suerte de estar y compartir en Potosí con los compañeros de la Yachay-Wasi. Ciertamente me ha llenado de alegría ver que las cosas funcionan, que se continua trabajando duro por el desarrollo educativo de las comunidades campesinas y que el mismo espíritu que animó en Parota para empezar, sigue animando ahora fielmente para continuar.
Me detengo para subrayar tres aspectos que en mi opinión han sido y son claves para la continuidad del trabajo hoy en día.
En primer lugar, diría que siempre estuvo claro que los actores principales de la Yachay-Wasi eran las comunidades campesinas, sus niños, sus hombres y mujeres. Este rumbo mantenido, este enfoque continuado hacia la comunidad, desde la comunidad y para la comunidad ha hecho en ocasiones tirar para adelante y en ocasiones parar y replantear cosas, pues no nos podemos soltar de la mano de las comunidades.
Esto enlaza con la segunda clave y es la adaptación a la realidad local en cada momento y circunstancia. No todas las Yachay-Wasis han seguido idénticos procesos, no se ha “standarizado”. No es igual ahora que hace diez años, ni será igual dentro de otros diez. Lejos de querer llegar a..., se ha procurado ir con... y, para ello, se han usado buenas dosis de flexibilidad.
Evidentemente, en lo material también y, por eso, hemos tenido que presumir de sencillez y austeridad. Se ha conjugado mucho el verbo “apañarse”, o sea, resolver como se puede y con lo que se tiene en cada caso.
En último lugar, pero no menos importante, citaré el compromiso que todas y cada una de las personas que nos hemos dedicado al trabajo en las Yachay-Wasis hemos desarrollado. Compromiso personal tanto de los voluntarios de OCASHA-CCS, como de los compañeros potosinos que continuaron y también, y en igual o mayor medida, de los educadores campesinos que atienden cada día en cada Wachay-Wasi a los niños y niñas. Lógico y normal que cada uno de nosotros le demos a la tarea una impronta personal, un estilo propio pero sustentado en la opción de trabajar para lo que hemos sido llamados.
Y, por supuesto, que se falló, se metió la pata y se sigue haciendo. Hay muchas cosas que mejorar y no debemos parar de revisar y analizar los errores para mejorar nuestro servicio.
Termino diciendo que el futuro nadie lo conoce, pero si el empeño es en seguir adelante, es muy probable que la cosa marche. También creo que debo tener confianza en la voluntad del Espíritu que sopla con criterios inescrutables y, por supuesto, asumo que todo tiene su inicio y su final, que algún día llegará.

Miguel Angel Pereda Ruíz
OCASHA-CCS
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© 2006 OCASHA-CCS
Boletín Nº129