BOLIVIA DE MI CORAZÓN

Escribir sobre Bolivia -pensar siquiera en Bolivia- me produce una extraña convulsión interior. Me resulta difícil hacerlo de forma ordenada, coherente. Me vienen a la cabeza un tropel de pensamientos, sentimientos, personas, caras, acontecimientos, análisis,.... desordenados y hasta contradictorios entre sí, como el propio país. Hay muchas Bolivias distintas, muchas veces contrarias y hasta enemigas entre sí. Esa contradicción y convulsión reales, sociales, históricas, son también interiores, dentro de mi propia vivencia de Bolivia en mis años de vida y trabajo por allá y en cómo la vivo ahora, desde aquí. Es por eso que mi aportación no va a ser muy ordenada ni académica, sino más bien caótica y afectiva.

Estos “senti-pensamientos” que os comparto me traen a la cabeza lo que hasta no hace tanto era y suponía España para los que pensaban en ella. Larra dijo en el siglo XIX: "Aquí yace media España. Murió de la otra media"; y Machado dijo en 1920: "Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios: una de las dos Españas te ha de helar el corazón".

Ello me da cierta esperanza ya que sociedades tan contradictorias, convulsas y complejas como ha sido y es la española, han podido, a pesar de todo y no sin dificultad, salir de sus propios agujeros negros. Y también me ayuda a enfocar con esperanza (a la vez que de forma crítica y exigente) mi trabajo profesional en cooperación para el desarrollo y mi compromiso personal en campañas sobre la Deuda Externa, en Pobreza Cero,... ya que la salida del agujero negro de España se produjo en su día, entre otros factores, gracias a un desarrollo socioeconómico apoyado desde el exterior que hizo posible superar ciertas dinámicas, círculos viciosos e inercias históricas. Y también gracias a propuestas, ideologías, utopías,... que nos llegaron de otros lugares y que ayudaron a orientar la necesidad del cambio en el país. Tal vez hoy estas dos funciones las pudiesen desempeñar, al menos en parte, la cooperación para el desarrollo y la solidaridad, tanto oficial como desde las ONGs, aunque en el caso boliviano ambas están muy desprestigiadas porque en demasiadas ocasiones han servido y sirven a intereses particulares y de los poderosos.

A pesar de todo, miro con esperanza a esta Bolivia que es capaz, mediante la presión popular no organizada, de sacar de su cargo a un Presidente, aunque todavía sea incapaz de articular a sus gentes, sus sensibilidades, culturas, necesidades,... en propuestas coherentes y viables de país. Se trata de la misma Bolivia que pocos años antes había elegido democráticamente como presidente al sanguinario ex – dictador Banzer.

Bolivia arrastra todavía la “limpieza intelectual y moral” que produjeron las numerosas dictaduras del siglo pasado, entre ellas la del citado Banzer. En Bolivia ocurrieron las mismas atrocidades que en Argentina y Chile. Se mató a gran parte de la intelectualidad, de los líderes populares, sociales, universitarios,... y el resto tuvieron que emigrar. La diferencia fue que Bolivia partía de una base mucho menos avanzada que Argentina y Chile y que en la escasa población del país la desaparición física de tantos líderes, dirigentes, profesores, sacerdotes, etc. tuvo un efecto más devastador. La pérdida de liderazgo, organización, capacidad profesional y de memoria histórica que supuso la represión de las dictaduras todavía se arrastra hoy. Por eso es tan importante la educación (en contenidos y en valores) y formar personas que puedan organizar, dirigir y administrar el país.

La cada vez peor situación socioeconómica del país sigue contribuyendo a que la gente más preparada y que más podría “tirar” hacia delante del país haya emigrado y esté, entre otros lugares, en España. Son más de 2 millones los bolivianos que viven en el exterior, quedando en el país siete millones largos de personas. En el caso de España, son también 2 millones aproximadamente los españoles que viven en el exterior, pero en nuestro país (la mitad de extensión que Bolivia) quedan más de 40 millones de habitantes, y no se da ese efecto de salida selectiva de la gente más preparada. Son muy graves los efectos de la “sangría” que hoy supone la emigración y que en su día supuso la represión entre la intelectualidad y el liderazgo de los sectores sociales, políticos y productivos bolivianos. En su día fueron muertes y desapariciones físicas las que dejaron sin líderes e intelectuales al país. Ahora son muertes económicas las que lo hacen.

Las contradicciones de Bolivia como país se repiten cuando uno va descendiendo hasta el día a día y la cotidianeidad de la gente, o cuando desciendo a mi propia cotidianeidad cuando viví allí, y también a mi propia cotidianeidad hoy, aquí. Se repite cuando antiguos alumnos míos de Torotoro vienen a España como inmigrantes ilegales o cuando amigos adoptan niños bolivianos. La globalización va tomando rostros concretos y conocidos, nombres y apellidos bolivianos. Y se visibiliza en la desazón que nos produce ver que los niños y adolescentes que con tanta ilusión alfabetizábamos, escolarizábamos y capacitábamos hace diez y quince años en las zonas andinas más perdidas de Bolivia hoy están aquí, en Madrid, en Barcelona, en Bilbao... como inmigrantes ilegales. Y lo mismo catequistas, mujeres jóvenes, líderes,... El esfuerzo y la ilusión que poníamos en que esos niños fuesen los adultos que levantasen el país, y también las propias ilusiones vitales de cada uno de ellos, se truncan en esa sangría humana y de futuro que supone la emigración para Bolivia. Un antiguo alumno de Torotoro, bachiller, activo, trabajador,... al que habíamos visto crecer, fue primero emigrante a Argentina, en la construcción. Luego tuvo que volver a Bolivia cuando la crisis argentina, y en su país no ganaba, siendo mecánico de autobuses, ni para vivir. Finalmente salió del país. Otro alumno, ya adulto, bachiller y técnico de sistemas, ha tenido que salir también del país para poder ganarse la vida y comprar una casa para él y sus hermanos (huérfanos) y ahora está en Madrid, sin papeles, trabajando como ilegal. Todos los que hemos pasado por Bolivia conocemos situaciones similares.

Por otro lado, no pocos amigos están adoptando en Bolivia, y, a pesar de lo enormemente positivo que es esto para esos niños, no deja de mostrarte más crudamente la injusticia y el contraste de que un mismo niño boliviano viva de una manera si es adoptado y sale de su país y de otra radicalmente distinta si se queda en él.

A pesar de ver todas las dificultades y problemas, quiero pensar que Bolivia se abre hacia un nuevo siglo llamando la atención del mundo, tumbando presidentes, no como una mera explosión de descontento, como un conflicto típico de pobres, revoltosos, excluidos e inviables, sino dentro de algo más amplio, profundo y esperanzador que, con todas sus fallas, errores y contradicciones, está generando procesos como el de Venezuela con Chávez, el de Brasil con Lula, el de Argentina con Kirchner, el de Ecuador,... que ojalá supongan revertir la estructura del poder en estos países y en la zona. Bolivia sigue con los mismos problemas endémicos con los que abandonó el siglo anterior pero con la esperanza de encontrar un espacio en el que poder vivir y desarrollarse con la dignidad que merecen todos los pueblos.

A lo largo de su historia, Bolivia fue un país difícil de articular; los desencuentros culturales, las élites en su día europeizadas al máximo y hoy al servicio de las EE.UU. (hasta el punto de tener un presidente, Gonzalo Sánchez de Losada, formado en EE.UU. y que hablaba el español con fuerte acento “gringo”), las diferencias idiomáticas y de mentalidades dieron lugar a la idea de un país con muchas debilidades, intentando vanamente compensarlas con el patriotismo y achacando siempre a factores externos (la pérdida de la salida al mar en sus conflictos con Chile y Perú) la situación del país. Esta y otras “afrentas históricas” siguen presentándose por los políticos y en los libros escolares como las causas de la actual situación del país, cuando sólo son un chivo expiatorio para justificar ante un pueblo ignorante y oprimido el fracaso de sus gobernantes para administrar este país de grandes riquezas y su servidumbre a los intereses de otros países y de las multinacionales, algunas de ellas españolas.

En Bolivia es posible viajar en el tiempo y pasar del siglo XXI al siglo XIV recorriendo muy pocos kilómetros. De las ciudades a las comunidades campesinas hay distancias escasas en kilómetros pero enormes en condiciones de vida, acceso a servicios, cosmovisión,... La tensión campo-ciudad, oriente-altiplano del país (kollas y cambas, zonas andinas y zonas bajas), las tensiones étnicas en un país donde el porcentaje de población indígena en de los más altos de América y donde el color de la piel determina demasiadas cosas,... generan conflictos, violencias, divisiones que dificultan la construcción de alternativas y que sirven para que intereses particulares o sectoriales se impongan al interés general.

En un país tan grande (dos veces España), tan poco poblado (poco más de 7 millones de habitantes) y tan mal comunicado, las demandas de autonomía de las regiones más ricas (más mestizas y criollas), y un indigenismo-etnicismo mal enfocado en las regiones más pobres (quechuas, aymaras,...) no parecen tanto demandas de justicia como mantenimiento de parcelas de poder de caudillos indígenas y de empresarios criollos disfrazado de justas demandas democráticas o indígenas.

Y en este contexto siguen estando, como en tantos lugares, los “invisibles”, cuya realidad, opresión, sufrimiento, demandas de justicia, etc. quedan escondidos y difuminados en esos conflictos “mayores” por los recursos naturales, el indigenismo, la autonomía,... La situación de las mujeres indígenas en Bolivia, sus demandas “aparcadas” en función de la demanda indigenista, liderada y gestionada por hombres. La situación de tantas personas todavía en situación de “pongeaje” o esclavitud de hecho. La situación de las jóvenes campesinas que llegan a la ciudad como empleadas domésticas, su abuso económico, humano,... El racismo no reconocido que atraviesa la sociedad boliviana, la consideración de las “cholas”, de los “indios”,...

Una de las cosas que más me marcó en Bolivia, junto con la efervescencia de la vida, fue la omnipresencia de la muerte, su cotidianeidad, su aceptación “conformista” e “inevitable”, aun cuando fuese injusta y evitable. La persistencia, incluso en las luchas sociales, de la necesidad del “tributo de sangre”, la inevitabilidad de muertes en toda protesta, esa visión tan cultural en Bolivia (y en el cristianismo mal entendido) de que el verter la sangre favorece la fecundidad no sólo de la tierra sino de las luchas. El caudillismo tan exacerbado. Son características culturales de las organizaciones y las luchas en el país que a mí me sigue costando aceptar.

La corrupción, el manejo de las riquezas naturales del país en función de intereses externos y gracias a la colaboración de las élites internas, el narcotráfico,... son otras tantas realidades y factores de los que hablar cuando uno piensa en Bolivia, pero estos son más hablados, escritos, analizados, conocidos,... Ahora mi objetivo era compartir en voz alta algunos de los ingredientes que “hierven” en mi cabeza y mi corazón cuando pienso en Bolivia. Ingredientes que hoy están en una olla a presión, cerca de las próximas elecciones en el país y que ojalá que den como resultado un buen guiso y no otra explosión social.

Esta efervescencia, este dolor, esta injusticia, este sufrimiento,.... que es hoy Bolivia, a pesar de todo, tiene futuro. Y lo tiene porque, lo he visto, en Bolivia hay tanta vida y ganas de vivir como muerte y dolor, tanta esperanza y ganas de salir adelante como dificultades. Tiene futuro porque, aunque no sé de dónde salen tantas, no dejo de encontrarme con personas admirables, bolivianas y de otros lugares que no dejan de trabajar por sacar adelante la VIDA en aquellas tierras.

Juanjo Estévez Gil de San Vicente
OCASHA-CCS


Reservados todos los derechos.
© 2006 OCASHA-CCS
Boletín Nº129