Tardé varios años en ser capaz de volver a ver detenidamente las fotografías "del tiempo aquel que vivimos en el viejo Santa Cruz", no quería aportarle gratuitamente a mi corazón un quebranto más... sólo los años han permitido que el "acá" y el "allá" se miren frente a frente.
La vida cruceña fue atrapándome sin apenas darme cuenta, y yo, como "el río que nos lleva", dejándome llevar con su verde, con su selva, con su gente y sus parrandas, con su vida sin tiempo y con su música, cumbia siempre cumbia..."bajo el cielo más puro de América", decían... y era cierto...
...la gente del barrio nos tomó de la mano, nos acompañó para que no echáramos de menos nada de lo que dejábamos, nos abrieron sus vidas y sus casas: "pasen, pasen nomás"...
... luego vinieron los chavales, nunca sabré si los encontramos en la calle o nos encontraron ellos a nosotros; me atraparon literalmente y me dejan, aún hoy día, un nudo en la garganta al recordarlos, al extrañarlos... , tanto...
... y ahora estos recuerdos revividos se me escapan de las manos, y ahora soy yo el que quiere atraparlos, deseando ilusamente en el intento, hacer presente todo lo vivido, una y otra vez más, ...valió la pena.
Lo cotidiano y lo diario se encargan de hacerme olvidar todo aquello, como si a lo importante lo pudieran enterraran poco a poco los quehaceres insignificantes que van apagando los recuerdos, sin tiempo para despedidas.
Sueño con regresar, de visita me digo, como con excusas y valentía desgastada; y otras veces añoro, más que sueño, volver a "nadar sin guardar la ropa", saltar sin importarme la caída, volar ...de nuevo...
Vivimos algo irrepetible, recibimos mil veces más de lo que insignificantemente pudimos entregar, nos desgarraron el corazón y nos engancharon del alma quedando, al regresar, como desnudos y extraños en nuestro propio paraíso.

Lázaro Entrenas Costa
(misionero de OCASHA-CCS en Sta. Cruz 1994-1997)
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Boletín Nº129