Esto podría ser una carta de amor donde expresarte todos estos años de fidelidad y de mutua compañía.
Me has acompañado siempre dispuesta al viaje y siempre servicial por América, Navarra, Menorca, Madrid... ¡¡Cuántas historias tenemos en común querida mía!! ¿Te acuerdas cuando un día te dejé plantada y abandonada en la estación del tren cuando vivíamos en Vallecas? ¿O cuándo nuestro amigo Moisés Arana “nos dejó” en un barrio marginal de Managua? Nosotros asustados veíamos pasar las horas caminando de una calle a otra esquivando todos los “peligros” que intuíamos en los resistoleros o huelepegas, así como con las prostitutas que se acercaban a ver al joven chele y su compañera. En esos momentos sólo nos teníamos el uno al otro. Tú lo eras todo para mí. Cuantas veces me habré puesto celoso cuando veía que una persona te observaba de demasiado cerca. Y si bien es cierto que había miradas limpias o de curiosidad, también las había que te querían poseer y esto me convertía en un hombre vulnerable, así me acercaba con orgullo hacia ti para que se dieran cuenta que nosotros estábamos juntos y que sus miradas nos rompían la paz y la armonía. Sin duda estas ocasiones nos unían más el uno al otro.
¿Te acuerdas cuando paseábamos por el Amazonas con los negros quilombos? Entre la selva y los millares de sonidos juntos descubríamos todo un mundo nuevo para nosotros. Cuántas veces te habré comentado que si te perdía estando lejos de Menorca, el que estaría perdido entonces sería yo. Cómo no quererte tal como eres -quizás un poco pequeña, un poco anticuada y rebosante de sencillez- si en muchas ocasiones has sido lo único que he tenido.
Te he llevado con orgullo, te has adaptado siempre a mi manera de ser y juntos hemos formado un solo cuerpo: perfecta coordinación y bella estampa por playas y valles, prados y bosques, aeropuertos y puertos, estaciones de trenes y autobuses, ciudades y pueblos...
Tú me conoces a fondo, me has visto muchas caras humanas: alegre, triste, en soledad, enfadado, emocionado, ensimismado, enamorado, feliz, indignado... y cuando hemos pasado una temporada sin vernos nos han vuelto las ganas de hacer lo posible para estar de nuevo en ruta, tú y yo, disfrutando de la intimidad y profundizando nuestra amistad.
Como no agradecerte todos estos años de camino común explorando nuevas tierras para saciar mi curiosidad, mis ganas de aprender de la vida y de la experiencia personal y colectiva de los pueblos. Siempre hemos intentado transitar por rutas alternativas –déjame decirte que eres ideal, por tu sencillez, ya que nunca has hecho ostentación ni de riqueza ni de poder- y nos ha gustado ver y contemplar, para después implicarse, en la dura realidad de la exclusión y la marginación. Hemos visto injusticias que nos han hecho llorar de rabia pero también hemos conocido personas buenas, que con espíritu de sacrificio y lucha están intentando transformar la realidad de sufrimiento y pobreza. Son los héroes anónimos de la construcción de la Justicia Social.
¿No te parece querida mochila que sólo por el hecho de haber conocido a personas que empujan con dignidad y coherencia contra el otro eje del mal –FMI, BM, OMC- ya ha valido la pena tantas incomodidades y renuncias?
Para mí estas letras no representan un final ni un adiós, espero y deseo poder estar a tu lado mientras construimos el otro mundo posible y animamos a otros a que agarren el relevo.

Oscar González Marques
San Pedro Sula (Honduras)
OCASHA-CCS
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Boletín Nº129