¿Cómo vemos la realidad del África subsahariana?

Generalmente las imágenes que nos llegan son de guerras, inundaciones, sequías, sida, malaria, hambre, de la penuria real que en estos países se vive. Especialmente en estos días estamos viviendo el drama de los subsaharianos que mueren al intentar llegar a las costas de las islas Canarias. Y parece como si África estuviese destinada al sufrimiento.

Sin olvidar esta realidad, preferiría ver otras imágenes de África. Cuando pienso en Mozambique me gusta poner la mirada en su colorido, en el paisaje humano y el paisaje natural; en la multitud de árboles, desde las acacias rojizas de la capital, pasando por los cocoteros en Inhamrrime hasta los grandes embondeiros (baobas) de Tete; en el mar, en sus inmensas playas de arena blanca. Me gusta poner la mirada en las “palhotas” o en los edificios de Maputo, en la mezquita o en el templo cristiano, en el acogedor encanto de sus habitantes, en sus múltiples historias y anécdotas. Poner la mirada en la madera que esculpen, en las danzas que crean, en el pueblo pluricultural que allí encontramos.

Me gusta mirar Mozambique de punta a punta desde el río Rovuma en el norte hasta Ponta do Ouro en el sur con los ojos de la emoción, del amor por este suelo, con la mirada puesta en la sonrisa de sus niños, con la mirada puesta en la esperanza que va creciendo en la escuela profesional Don Bosco de Tete, en el ferrocarril que parece ha de volver a funcionar, en las nuevas fábricas de cajú (anacardos), tabaco y azúcar, en la puesta en marcha de las minas de carbón de Moatize, en las inversiones en turismo, en tantos y tantos proyectos que están comenzando. De hecho, cansado de imágenes dantescas de la guerra, del sida, de destrucción y pobreza, cansado de poner la mirada en lo más penoso, quiero también ver, porque también existe, la otra cara de estas gentes y de su tierra.

Paco Monfort Montañés

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Boletín Nº130