ANGOLA, 30 AÑOS DE GLORIA. PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE UN PAIS

El pasado 11 de Noviembre DE 2005 celebramos los treinta años de independencia de Angola. El lema del gobierno para esta gran celebración fue precisamente este “Angola, 30 años de gloria”, todas las botellas de cerveza del país aún llevan este logotipo junto al escudo de la bandera.

Yo pienso en estos años y sólo veo 27 de guerra y tres de post-guerra, muchas veces me he preguntado donde está toda esa gloria…

Hace dos semanas fui a Utalala, una comunidad que está a mas o menos 45 Km., en medio de las montañas. Fuimos para hablar sobre la posibilidad de iniciar con la clínica móvil, ya que es una zona con muchos enfermos de tuberculosis.

La reunión era con los “sobas” (jefes tradicionales de las comunidades). Un soba generalmente es una persona mayor, respetada y elegida por toda la comunidad, su autoridad le viene dada por la experiencia de vida, es una de las figuras más importantes y antiguas dentro de la sociedad. Hoy en día se pueden diferenciar por que acostumbran a llevar un sombrero, he preguntado mucho cómo eran los sombreros inicialmente, pero nadie me ha podido contestar.

Estábamos allí y yo veía como se me escapaba la reunión de las manos, que no podía conducir nada, sólo me pedían continuamente medicamentos y comida, no estaban interesados en que fuéramos a trabajar con ellos si no llevábamos comida.

Callé, empecé a observar y a escuchar todo lo que pedían. De repente, vi que la mayoría de ellos llevaba como distintivo un sombrero de vaquero tejano con la banda de Marlboro. Pensé ¡dónde hemos llegado un “soba” del último rincón de Angola llevando con todo orgullo publicidad de cigarros americanos!. Pensé en cuantas cosas entre perdidas y robadas le han arrebatado a este pueblo, donde la tradición y la globalización están a hacer una lucha por el poder, sentí pena de ver que si no se reacciona a tiempo podrían llegar a perder su identidad, que todos estos años de guerra y de dependencia de la ayuda humanitaria no han hecho otra cosa que anular la creatividad y la identidad de todo un pueblo.

Hoy es mi “cumpleaños”, celebro cinco años andando con la gente de Cubal, miro todo este tiempo, pienso en todo lo vivido, toda la gente que me he ido encontrando en el camino y sólo pienso que he sido afortunada y privilegiada, agradecida por todo lo recibido, todo lo disfrutado y hasta por todo lo llorado. Sueño también que algún día esa gloria va a ser una realidad.

Si miramos un poco la historia del país, Angola inició ya el conflicto armado en 1961, con una lucha entre grupos armados angoleños y la colonia portuguesa en una lucha por la independencia del país. A partir de ese momento el país se vio atrapado en una eterna guerra civil entre el gobierno oficialmente establecido (MPLA) y la guerrilla de la oposición (UNITA).

Desde el principio fue una guerra con una gran intervención internacional, dentro del contexto de la Guerra Fría. Con el paso del tiempo simplemente se convirtió en una lucha despiadada por los recursos naturales del país, donde los diamantes y el petróleo fueron la moneda de cambio por ambas partes para conseguir las armas, y con una única víctima, la población civil. Gracias a las transnacionales que se han ido aprovechando de los recursos en complicidad del gobierno, la población se ha ido viendo privada todo este tiempo de la distribución de sus riquezas que podría haber ayudado al desarrollo del país y a la mejora de su calidad de vida.

Durante estos largos años hubo varios intentos de paz: Biccesse (1991), Lusaka (1994), pero no fue hasta el 2002 después de la muerte de J. Savimbi líder de la UNITA que se firmó el acuerdo de Paz de Luena que hasta hoy parece el definitivo.

Esto es el pasado 27 de los treinta años de gloria… Ahora tenemos el presente, la Angola que yo encontré cuando llegué por primera vez hoy hace cinco años.

Un país con 12 millones de habitantes, una tasa de mortalidad infantil de las más altas del mundo, una esperanza de vida de solo 38 años. Una guerra que causó la muerte de un millón de personas, medio millón de refugiados, 4 millones de desplazados internos y más de 12 millones de minas aún enterradas en esta tierra.

Un país donde la mayoría de la población civil posee armas ligeras, donde menos del 30% no tiene acceso a la sanidad pública, la mitad al agua potable y donde un 40% todavía vive en un completo aislamiento debido a la total destrucción de las infraestructuras.

Porque como me dijo una vez alguien hay dos tipos de guerras, las que interesa que acaben pronto y se solucionan rápidamente y las que interesa perpetuar, las que simplemente mutilan a la gente, tanto física como moralmente, como la guerra de Angola, una guerra de hermano contra hermano, una guerra de minas y catana, que disfrazamos siempre de guerra tribal y que deja un pueblo incapaz de levantarse por mucho tiempo.

Pero en este presente que puede parecer tan desolador también encontré un pueblo que lucha, que intenta salir adelante, que intenta vencer el miedo. Un pueblo que nunca pierde la ganas de reír, de hacer una fiesta… un pueblo que ante todo ama la vida, y fue este el pueblo del que yo me enamoré desde el primer momento.

Y nos queda el futuro, un futuro que se que no voy a ver pero con el que sueño constantemente. Sólo que para ver ese futuro realmente tendría que ser angoleña, ese es el gran reto de este pueblo. Trazar su propio camino de desarrollo.

Siempre pienso en cuáles serían los caminos a seguir, pero soy incapaz para ello de desprenderme de mi piel de “katchindele” (pequeña blanca, como me llaman los niños de Cubal). Es complicado en una sociedad africana, donde el pasado y la tradición tienen un papel tan fuerte en el presente, poder hacer una proyección para el futuro.

Donde vivimos, en el interior del país, la mayoría de las cosas de la vida cotidiana están reguladas por la superstición, los espíritus, el pasado. La tradición cultural es tan fuerte que regula absolutamente todos los actos del presente, pero es una tradición que perdió mucho de su verdadero sentido con tanto tiempo de guerra, la poligamia se convirtió en un montón de familias sin padre presente, la medicina tradicional que mezclan ahora con antibióticos comprados en la plaza o los hijos considerados antes como gran riqueza de la familia, ahora llenan las calles de Benguela y Lobito esnifando cola, los abuelos “ekulu”, fuente de la sabiduría en la comunidad, abandonados hoy en nuestro hospital…

Creo que el gran reto de los angoleños hoy, para construir ese futuro que soñamos, es rescatar todos estos valores que daban dignidad a este pueblo e intentar encontrar su propio camino en este mundo que ya hace tiempo que dio la espalda a África, recuperar su identidad como pueblo, perder el miedo y gritar bien fuerte. Sólo cuando se pierda el miedo se podrá comenzar a caminar. Yo que ya estoy aquí hace un tiempo tengo seguridad de que lo va a conseguir.

Neus Peracaula Pueyo
misionera de OCASHA-CCS en Cubal (Angola)

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Boletín Nº130