El Continente Africano es diverso y plural en lo referente a situaciones sociales económicas, políticas y religiosas. No se vive de la misma manera el catolicismo en España, Francia, Rusia y Armenia, ni tampoco se realiza de la misma manera la misión ad gentes en Argelia, Marruecos, Sudán, Burkina Faso y República Democrática del Congo.
Constatamos que hay una serie de países en el continente africano, toda África del Norte, en los que la presencia de misioneros es aceptada, pero sin la posibilidad, por el momento, del anuncio explícito y público del evangelio. En estas circunstancias mayoritariamente musulmanas, los misioneros/as viven la misión ad gentes como una presencia solidaria al servicio de los más necesitados y en diálogo interreligioso. Cuando hablamos con ellos, no los vemos frustrados sino conscientes de ser enviados por Dios y por la Iglesia dándonos ejemplo de la misión vivida como contemplación de la presencia del Espíritu, que nos precede y actúa en el corazón de los hombres. Nos ayudan a reflexionar y profundizar sobre la manera en que se vive la misión en otros lugares de África.
Los avances en el diálogo entre los cristianos y musulmanes son fruto del Espíritu y probablemente también de la presencia sencilla, servicial de los cristianos que encarnan dicha presencia.
En los países subsaharianos de raza negra en general el evangelio es anunciado públicamente sin problemas, tanto por los católicos como por otras confesiones religiosas. Yo vivo mi experiencia misionera en uno de estos países, en concreto en la República Democrática del Congo ( RDC).
La misión tiene su origen en el misterio trinitario, en la dinámica de la misión de Cristo quien, enviado por el Padre, se hace uno de tantos. La humanidad entera es la destinataria de la misión de Cristo. Y desde África nos preguntamos: qué mensaje y que esperanza trae Cristo para las poblaciones africanas. Así, los rasgos específicos de la misión ad gentes en el continente africano están condicionados por la vida concreta de las gentes de este continente. Buena Nueva de Cristo para personas concretas de África, hoy y mañana.
Sin pretender ser exhaustivo, ya que la situación de África es plural y compleja, creo que el continente vive ciertas situaciones específicas que podrían calificarse como signos de los tiempos o desafíos para la Iglesia en general y para la misión ad gentes, en particular. He aquí algunos de ellos: guerras, empobrecimiento generalizado, urbanización incontrolada, problema del SIDA, pluralismo religioso, todo ello vivido en un Continente joven que aspira con todas sus fuerzas a la vida y a la paz.
Las guerras
África es el Continente donde se han producido más guerras en los últimos años: guerras en Angola, Mozambique, República Centroafricana, Etiopía, Eritrea, Somalia, Burundi, Ruanda, Chad, Sierra Leona, Liberia, Congo Brazaville, República Democrática del Congo, Costa de Marfil. Decididamente Africa no da buena imagen al mundo. Se dice que no están todavía preparados para la democracia. Es evidente que la imagen que se puede tener de África con sus guerras, masacres al machete, niños soldados a veces drogados, tirando a diestra y siniestra, violaciones de mujeres y niñas no es buena. Sin embargo podemos preguntarnos también: si el continente africano, excepción hecha de África del Sur no produce armas, ¿de dónde vienen las armas con las que se hacen las guerras? ¿Quién suscita las guerras? La inmensa mayoría de los africanos no quiere la guerra sino la paz. Los que vivimos en África y los que vivís en Europa debemos comprometernos juntos a favor de un continente africano reconciliado y en paz.
Ocurre que, a veces, se desinforma o se manipula la información simplificando las razones por las que se hacen las guerras y se dice que son guerras étnicas o guerras tribales. Si es verdad que las guerras en Ruanda o Burundi tienen fuertes connotaciones étnicas, la mayoría de las guerras de Africa tienen referentes económicos y me parece que aquí es hora de señalar a personas del llamado mundo civilizado que se entienden con los jefes de guerra, tiran la piedra y esconden la mano. En lenguaje llano la guerra de Angola se llama petróleo y diamantes, la del Congo Brazaville también petróleo, las de Sierra Leona y Liberia tienen su origen en el diamante y la de la R.D.Congo se puede llamar cobalto, madera, oro, diamantes y coltan (compuesto de colombita y tantalium, empleado en ordenadores, teléfonos móviles, satélites etc.).
Se habla también de guerras de baja intensidad porque no se emplean armas sofisticadas o porque los muertos no aparecen en los medios de comunicación. Sin embargo ONGS que han estudiado el tema de la guerra en la R.D. del Congo, que ha durado cinco años, nos hablan de cifras de 3.000.000 de muertos: 200.000 por la guerra misma y los demás por las consecuencias de la guerra como pueden ser el hambre y la falta de cuidados médicos para millones de personas que huyendo de los enfrentamientos se han tenido que refugiar en la selva, además de los robos, malos tratos y violaciones. Todo ello porque la R.D. del Congo tiene la suerte y desgracia de ser un país rico en minerales, algunos de ellos raros y estratégicos.
La Iglesia y la guerra en RDC: La Iglesia ha pagado un precio caro en esta guerra por la destrucción y desmoronamiento de parte de su infraestructura, al paso del ocupante de turno. Algunos ataques y robos fueron efectuados para amedrentar a la Iglesia y desanimarla por ser testigo no deseado. Algunas parroquias tuvieron que ser abandonadas.
Pero la Iglesia ha pagado su precio más caro todavía con el asesinato de algunos de sus pastores profetas, como son: Mons. Christophe Munzihirwa, el sacerdote Georges Kakuja, Mons. Emmanuel Kataliko...
Los misioneros/as y la guerra:
Hemos sufrido la situación de guerra injusta y sin sentido y sus consecuencias con el pueblo al que hemos sido enviados. En algunos lugares, los ocupantes de turno, nos han robado todo y nos han dejado con lo puesto. Era el botín de guerra. La soldadesca y las diferentes milicias nos han robado, lo mismo que han hecho con otra gente. Lo que es peor, algunas religiosas han sido violadas. Hemos tenido que abandonar momentáneamente algunas parroquias de la campaña para regresar a ellas cuando ha sido posible. Hemos intentado vivir en cada situación las palabras del evangelio: " sed sencillos como palomas y prudentes como serpientes ". Cuando ha sido posible, aunque difícil, nos hemos quedado viviendo en solidaridad con el pueblo, intentando incluso dialogar con los armados de turno para evitar males mayores, diciéndoles que la guerra no es el camino para resolver los problemas.
El pueblo ha agradecido el hecho de que nos hayamos quedado con ellos. Hemos recibido testimonios diciéndonos, por ejemplo, que cuando habían huido a la selva y por la mañana escuchaban el sonido de la campana se les alegraba el corazón ya que constataban que los misioneros seguían en su puesto, lo cual les daba la esperanza de que todo no estaba perdido. Un rebelde armado y semidesnudo se acercó un día a unos compañeros y les dijo: veo que vosotros los misioneros blancos sois distintos de los demás, porque os quedáis aquí a pesar de todo lo que ocurre...
Empobrecimiento generalizado
Si es verdad que en algunos países de Africa el Producto Interior Bruto ha aumentado algo, en otros ha disminuido a pesar de las ayudas de Estado a Estado u otras ayudas. El problema de la deuda externa es general en los países africanos, deuda que la han pagado con creces. Las leyes del comercio internacional son desfavorables para África. Si siguen aumentando las diferencias entre países desarrollados y países en vías de desarrollo, se constata al mismo tiempo en África una diferencia cada vez mayor entre los ricos y pobres del mismo país. Mientras una vaca europea recibe un subsidio de 3 $ día, el 40 % de los africanos malviven con menos de 1 $ día. En la ciudad donde vivo, los maestros mejor pagados de escuelas que acogen a cerca de 1000 alumnos, reciben una prima de los padres, que ronda los 30 dólares al mes. La administración rebelde hasta hace unos días no les había pagado desde hace cinco años en que comenzó la guerra. Los padres han escrito una carta al nuevo gobierno de transición exigiendo que cumpla con sus obligaciones. Veremos cómo reacciona. Si queremos ganar la guerra contra la violencia y contra la inmigración clandestina debemos ganar la guerra contra la miseria y la injusticia. No nos vale la globalización si no es la globalización humana de la solidaridad.
Urbanización incontrolada
Africa con una población estimada a 756 millones de habitantes, vive el fenómeno de una rápida afluencia de gente hacia las ciudades. La ciudad ofrece al individuo una extraordinaria libertad comparada con la del pequeño mundo, a veces sofocante, de las sociedades rurales. La ciudad atrae sobre todo a los jóvenes en busca de oportunidades culturales y de desarrollo. Sin embargo los gobiernos no tienen capacidad para integrar esta ola de población para que vivan una vida decente. La corrupción y la especulación de la tierra hacen que mucha gente viva en chabolas. Africa y el SIDA
El continente africano ostenta el triste récord de los infectados del VIH–SIDA entre 25 y 29 millones según las estadísticas, de los solamente 30.000 reciben un tratamiento antirretroviral. Precedentemente la hambruna mataba a los ancianos y niños, las mujeres, conocedoras de semillas, raíces y frutos de sustitución se defendían de la hambruna. Hoy día mueren las mujeres y la gente joven. La ayuda alimenticia y el tratamiento antirretroviral deberían ir de la mano, pero no parecen pensar así las industrias farmacéuticas, aunque van haciendo algunas concesiones. Tenemos que continuar la lucha. La Iglesia está presente y debe intensificar su presencia en la información, prevención, invitación a un cambio de conducta y acompañamiento de los infectados del SIDA.
Pluralismo religioso
Las últimas estadísticas de la Agencia FIDES nos dicen que en el continente africano hay 46,50 % de cristianos (14,90 % de católicos y 31,60 % de protestantes, ortodoxos), 40,50 % de musulmanes y 13 % de religiones tradicionales africanas. Por lo tanto, conscientes de nuestra identidad de discípulos de Jesús y de enviados suyos ad gentes, vivimos la misión en lugares de fractura también religiosa en un continente religioso plural. Se ha avanzado mucho en el sentido de la tolerancia mutua, aunque algunos movimientos religiosos son agresivos. Uno de los desafíos que tenemos planteados es el de promover el encuentro con el otro diferente en su cultura y religión. En el diálogo interreligioso en sus múltiples formas: diálogo en la vida concreta, colaboración en proyectos de desarrollo integral, diálogo doctrinal o espiritual, debemos ser conscientes de que Dios es el más Grande, de que su Espíritu que nos precede va más lejos que la Iglesia y que las experiencias personales y que todos tenemos nuestros límites y vemos la realidad a través del cristal de nuestras gafas.
África, continente joven que aspira a vivir en paz
Cuando te paseas por los barrios o poblados africanos te impresiona la cantidad de niños que juegan y sonrientes te saludan. Se dice que el 50 % de los africanos tienen menos de 18 años. He hablado bastante de los problemas de Africa. Pero no olvido este inmenso capital humano que es la esperanza de África. Creo también que van surgiendo nuevos políticos que no se contentan con mirar al pasado sino que quieren reconstruir su país sobre nuevas bases. La sociedad civil se afirma cada vez más enfrentada a la de los que buscan situarse, pensando exclusivamente en ellos mismos. La economía informal es la que hace vivir a la mayoría de la gente de la RDC. Se va tomando cada vez más conciencia de que los fusiles no arreglan nada y se aspira a vivir en paz y a reconstruir el país.
En el ámbito de Iglesia, que los Obispos llaman Iglesia-Familia de Dios en África, tenemos un laicado comprometido en diferentes ministerios en las comunidades de base, en las que leyendo la Palabra y el libro de la vida se comprometen en la evangelización y el servicio de la caridad. No todo es perfecto, pero intentamos avanzar juntos en el camino de ser sal de la tierra y luz del mundo.
Los seminarios y las casas de formación religiosas están llenas. Los formadores no están en paro por falta de candidatos sino que su gran trabajo es el discernimiento y la formación de los candidatos.
La Iglesia africana tiene ya sus misioneros ad gentes. Además de alguna congregación misionera africana como los Apóstoles de Jesús, nacidos en Uganda, algunas diócesis han comenzado a enviar sus sacerdotes y religiosas a otras diócesis sea del mismo país sea a países distintos. Algunos ejercen su ministerio en Europa o América. Las Congregaciones internacionales tienen vocaciones africanas.
Perspectivas de futuro de la evangelización ad gentes
De hecho hay una evolución tanto en la realidad de la Iglesia local africana como en el concepto de la misión y en la forma en que los misioneros nos situamos ante la evolución de la Iglesia y del mundo. Hemos pasado del tiempo en el que lo importante era la implantación de la Iglesia al periodo en el que lo importante es el servicio de la Iglesia local y aún aquí hay una evolución en el matiz: servir a la Iglesia local según el carisma misionero propio. Además, la realidad a nivel del personal en la Iglesia nos empuja por este camino: como dije antes, hay un aumento notable de ordenaciones sacerdotales del clero diocesano y de religiosas africanas que trabajarán esencialmente en sus diócesis, de lo cual nos alegramos. Por el contrario el número de misioneros presentes en África disminuye porque las nuevas vocaciones misioneras por el momento no pueden reemplazar a los misioneros que por edad o enfermedad se retiran a sus países de origen. En estas circunstancias, ¿cual será el servicio específico del misionero?
Creo que el carisma misionero nos lleva a trabajar de forma preferente en las fronteras de la Iglesia, como puede ser allí donde no se ha anunciado todavía la buena noticia o donde la Iglesia local no está todavía presente o suficientemente estructurada. En este caso, la presencia del misionero o del cristiano anunciador ad gentes guarda su sentido genuino.
Otro campo de la acción misionera puede ser los lugares de fractura en el mundo de hoy como puede ser donde las religiones no se entienden, intentando el ecumenismo y el diálogo interreligioso en sus diversos aspectos de diálogo en la vida, proyectos comunes de desarrollo, diálogo doctrinal y espiritual.
Lugares de fractura son también situaciones en donde los humanos nos hacemos la guerra. Las guerras dejan secuelas muy profundas de odios, deseos de revancha. Es todo un campo en el que el Papa Juan Pablo II nos invitaba a todos a trabajar en su mensaje para la jornada mundial de la Paz, el 1 de enero del 2003. El Papa nos pide un compromiso permanente para la paz en el mundo. Nos recuerda, haciendo alusión a la Pacem in terris, los cuatro pilares para construir la paz: la exigencia de la verdad, la prioridad de la justicia, el fermento del amor y el respeto de la libertad. Si el Sínodo de 1971 nos decía que " el combate por la justicia es parte integrante de la evangelización ", los Obispos africanos en su mensaje posterior al Sínodo para África decían en el nº 33: "No queremos negar nuestras responsabilidades. No hemos hecho todo lo que podíamos hacer para formar los seglares a la vida pública, al sentido cristiano de la política y de la economía. Animamos a todos los que se sienten capaces a comprometerse en la política y a todos a formarnos en la democracia." En esta época en la que parece que se van callando las armas tenemos un inmenso campo de acción para formar a la democracia por el método exigente de la no- violencia activa evangélica. Integrar la justicia y la paz y el respeto de la creación en la evangelización y en nuestra vida misionera es todo un programa. No hay peligro de que nos quedemos en el paro.
África necesita reconciliación en la justicia y el perdón. En regiones donde la relación tribal es a veces más fuerte que el agua del bautismo, las comunidades misioneras interculturales son un signo del Reino en este mundo violento. Desde este signo podemos hablar y actuar.
Patxi Otondo
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© 2004 OCASHA-CCS
Boletín Nº123