Este es el título que me propusisteis para realizar este artículo. Por lo menos no se titula T.F. versus Misión o T.F. ante la Misión. Significa que, de entrada, partimos de que T.F. y Misión no se excluyen y que, incluso, podrían colaborar y complementarse. ¡Vaya sorpresa para algunos/as!
Pero, ¿qué tiene que ver la T.F. con la Misión? ¿No es la T.F. cosa de algunas mujeres teólogas molestas porque se llama a Dios Padre y no Madre y que reivindican conocer mejor a las mujeres de la Biblia? Pues veréis que algunas cosas que os suenan mucho vienen de la T.F.
Ciertamente, es difícil (no imposible) hablar de T.F. y Misión. Sencillamente porque no existe la T.F. sino las Teologías Feministas y porque tampoco existe la Misión, sino las Misiones. Así, en plural. Y ese es precisamente uno de los primeros aportes de las T.F., la de poner de manifiesto que la misión es pluralidad. No podemos seguir transmitiendo el Evangelio como nos lo han estado transmitiendo desde hace ya demasiado tiempo, sino que debemos reconocer la existencia de una diversidad de culturas, de símbolos, de expresiones, de concepciones de Dios. Y que no es evangélico mostrar que nuestra manera, la varón-europea-blanca-de clase media- lógica y racional, es la única válida.
La misión es acción. Las T.F. acuñaron el término ortopraxis de género, es decir, la práctica de la justicia social tomando en consideración una justa relación de género. Defender los derechos de los trabajadores explotados está muy bien, pero al mismo tiempo, hay que defender los derechos de sus mujeres y niños/as a que, el dinero obtenido por ese trabajo, llegue a las casas en forma de alimentos, vestidos, libros y que no vaya a parar a los bares. Y trabajar por la emancipación de las mujeres (a veces en contra de los propios hombres, qué se le va a hacer), para que no tengan que depender de un hombre para su manutención y las de sus hijos/as.
La misión es envío. Las T.F. han sido también enviadas a denunciar la existencia de cadenas, de prisiones, de relaciones de injusticia, de falsas jerarquías, de abusos de poder que impiden la respuesta a la llamada a una vida plena y a la libertad. Es la misión de la Misión, la misión de las T.F., allanar los caminos de las relaciones humanas a partir de relaciones justas de género.
La misión es lucha. Y ciertamente, en eso las T.F. son expertas; en luchar contra viento y marea contra todos aquellos que quieren ahogarlas. En luchar por los derechos de las mujeres, por derechos concretos (derecho a la no dependencia de un varón, a la decisión sobre el propio cuerpo, derecho a la formación, derecho a pensar por si mismas,) que, finalmente, son derechos humanos y que han sido luchas por una justicia social que está beneficiando directamente a toda la humanidad.
La misión se construye día a día. Las T.F. resaltan la importancia de la vida cotidiana, de lo pequeño, de lo que no cuenta (las mujeres, los niños, los ancianos, el trabajo doméstico, el cuidado de los otros). Podemos hacer grandes proyectos, obras, colegios, dispensarios, hasta milagros, pero lo que queda es el gesto, el saludo, la sonrisa, la compañía, el ser uno más, sin pretensiones.
La misión es anuncio y esperanza. Las mujeres, como colectivo, han sido tantas veces ninguneadas, asesinadas, muertas, aplastadas, pero siempre se han mantenido, como la flor en el invierno, debajo de la nieve, esperando el momento propicio para surgir de nuevo, sin dejar de hacer lo que debían hacer. "Antes de amanecer ellas fueron al sepulcro", pero Jesús no estaba allí y la mayoría de las mujeres tampoco están allí; están en Angola, en Bolivia, en República Dominicana, en Brasil, en Honduras, proclamando la vida y la libertad.
La misión es vivir al margen con los marginados. Y las T.F. dicen "y con las marginadas". Anuncian en las distintas iglesias cristianas la necesidad de revisar posiciones de poder, contenidos y símbolos que no sólo excluyeron a los pobres de los bienes a que también tienen derecho, sino que de entre los pobres excluyeron o disminuyeron a las mujeres considerándolas ciudadanas de segunda categoría. Critican también el universalismo masculino que se expresó hasta en las formas de proponer una sociedad más justa (crítica al androcentrismo presente, también, en la Teología de la Liberación).
La misión es devolver la dignidad. Las T.F. aclaran que, para devolver la dignidad robada a las mujeres, no es necesario "darle la vuelta a la tortilla". Decir a las mujeres que son hijas de Dios (Padre-Madre) reconstruye también la dignidad de hijos de los varones, retornándolos a ambos como Dios los/as quiso: hechos/as a semejanza de El/Ella.
La misión es ecumenismo y diálogo interreligioso. Quien nada tiene, no tiene nada que perder. Nosotras no tenemos que perder nombre, ni posición, ni honores por eso, las T.F. han estado mucho mas abiertas a unirse, reunirse, juntarse con las hermanas de otras iglesias y otras religiones, buscando la esencia del Evangelio, lo que nos une y no lo que nos separa.
Concluyendo, ser feminista misionera/o o misionera/o feminista (tanto monta) no es algo del otro mundo, sino señal inherente a nuestro estar y ser en la misión.
Susana Hernández Ortíz
(Misionera seglar de OCASHA-CCS en República Dominicana)
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© 2004 OCASHA-CCS
Boletín Nº125