Hablar de la realidad de la mujer en África no es tarea fácil. Primero porque al acercarse a la gente cuesta mucho ser plenamente objetivas, dejar de lado nuestros esquemas mentales, nuestra manera de entender la vida, nuestra herencia cultural y, en segundo lugar, porque cuanto más tiempo se pasa aquí, una se da cuenta de que aún es mucho más lo que le queda por aprender, conocer y, sobre todo, entender.
Cuando nos pidieron que escribiéramos este artículo, nos vinieron a la cabeza todas aquellas cosas que nosotras cambiaríamos, todo lo que pensábamos que se debía mejorar. Cada día, al subir a trabajar al hospital a las siete de la mañana, en el camino hay un grupo de mujeres que preparan las cosas para iniciar su trabajo, se pasan el día sentadas en la piedra moliendo el maíz y, luego, cuando volvemos a las cinco de la tarde, están aún allí recogiendo las cosas para volver a casa. Así cada día de lunes a domingo. El otro día al verlas me pregunté qué pensarían todo el día debajo del sol trabajando, qué conversaciones tendrían y que sería interesante pasar un día con ellas para compartir, conocer sus sentimientos, sus inquietudes, sus sueños y fue así como se nos ocurrió que lo mejor que podíamos hacer para hablar de la realidad de la mujer en África era dar voz a la mujer, y nos decidimos a entrevistar a una compañera del hospital. Ni ella ni nosotras somos capaces de hacer un análisis riguroso del tema, pero creemos que su testimonio, la historia de su vida es un claro reflejo de la vida de muchas mujeres angoleñas, llena de dificultades y dolor, pero también de alegría y de esperanza, llena de sueños para un futuro mejor para ella y para sus hijos.
- Hola, buenos días, en primer lugar nos gustaría que te presentaras.
Buenos días me llamo María Tchiloka, tengo 39 años y nací aquí en Cubal. Estoy casada y tengo cinco hijos. Desde hace siete años trabajo en el hospital Nuestra Señora de la Paz aquí en Cubal. Antes de empezar a hablar me gustaría preguntar qué queréis que os explique concretamente, porque hay una gran diferencia entre la situación de la mujer aquí, y la situación de la mujer en las grandes ciudades como Benguela o Luanda que están más desarrolladas.
- Queremos que nos hables bajo tu punto de vista y tu experiencia como mujer aquí en Cubal. Concretamente, por ejemplo, como mujer que trabaja fuera de casa. ¿Te resulta fácil organizar las tareas de casa cuando pasas la mayor parte del día en el hospital?
Yo trabajo desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde, pero tengo una hija de 11 años que es la que hace todo en casa: la limpieza, preparar la comida para sus hermanos y mi marido... Le ayuda una vecina y, después, ella va a la escuela por la tarde. Tengo un hijo mayor de 13 años, pero aquí en Angola los varones no hacen nada en la casa.
- ¿Es fácil en este medio que los hombres acepten que las mujeres trabajen fuera de casa?
En mi caso no supone ningún problema, si que como ya he dicho antes en las zonas del interior es un poco más difícil, pero es necesario, es una entrada económica importante que nos permite mantener a la familia y dar estudios a nuestros hijos. Creo que es importante que tanto el hombre como la mujer trabajen fuera de casa si es posible, para ganar dinero. Mi marido trabaja en el campo y yo en mi mes de vacaciones también voy a la "labra" para ayudarlo.
- ¿Crees que es fácil para la mujer el acceso a la escuela?
Tiene sus dificultades, por un lado aún existen lugares donde todavía se piensa que es una pérdida de tiempo que la mujer estudie en vez de quedarse en la casa a trabajar. O, por ejemplo, cuando una familia no se puede permitir pagar los estudios de todos los hijos, siempre se priorizan a los varones. Pero yo creo que, a pesar de todas estas dificultades, depende de una misma. Yo en mi caso estuve estudiando hasta el año pasado, este me atrasé y no pude matricularme. Además estudiar cuesta mucho dinero y yo prefiero que estudien mis hijos, así el día de mañana estarán bien preparados y podrán conseguir un buen empleo, y también cuidarme a mí cuando ya no pueda trabajar.
- ¿Crees que aquí en Angola tanto los hombres como las mujeres tienen los mismos derechos?
No, el hombre manda y dispone y la mujer calla y obedece. Además hay muchas mujeres que no conocen sus derechos, ni siquiera saben que tienen. Lo que tendrían que hacer los políticos es dar más derechos a las mujeres.
- Y en cuanto a las tradiciones africanas, ¿hasta que punto crees que ayudan al desarrollo de la mujer?
No se, de hecho hay algunas que son muy duras. Por ejemplo, si una mujer se queda viuda, la familia del marido se queda con todas sus pertenencias, con su casa, hasta con sus hijos y la mujer se ve obligada a volver con su familia. Hay otras que para mi no tienen mucho sentido porque, por ejemplo, si de dos hermanos gemelos su muere uno, no se puede hacer un óbito ni llorar por él, pero yo creo que, aunque se haga, el que está vivo no se va a morir. Esto sólo pasa si Dios quiere. Yo creo que las tradiciones son muy fuertes y no se pueden cambiar porque ya están allí. Si en una familia se ve que la mujer decide o manda o que el marido ayuda en tareas domesticas, por ejemplo, ese hombre va a ser muy criticado y rechazado por su propia familia y por la comunidad y eso es un problema muy grande.
- Todo este tiempo de guerra, ¿cómo fue para las mujeres?
Muy duro y difícil, lo pasamos muy mal. En muchos casos la mujer estaba sola porque el marido estaba en la tropa o había muerto y la mujer tenia que criar a los hijos. Pasamos el tiempo huyendo de un lugar a otro, había momentos en que no sabías que hacer, si buscar comida para los niños o huir. Hemos visto morir muchos hijos de hambre, enfermedades Fue horrible. También muchas mujeres están solas con los hijos porque los maridos fueron a Luanda a buscar trabajo y nunca más regresaron.
- En cuanto a la Iglesia, ¿crees que la mujer está plenamente representada y que su voz es escuchada?
Bueno, si eres "madre" (religiosa), si porque tienes derecho pero, si no, no. En la misión hay catequistas mujeres pero ninguna evangelista, porque para eso tienes que hacer un curso de un año en Benguela y, claro, una mujer no puede dejar tanto tiempo su casa y sus hijos, por eso sólo van los hombres. En la misión hay también algunos grupos de mujeres que enseñan a cocinar, coser y cómo criar a los hijos, creo que hay algún grupo que da otro tipo de formación, sobre los derechos de la mujer pero no estoy segura y no lo conozco.
- ¿Crees que es posible cambiar toda esta situación?
Si, pero necesitamos tiempo. De hecho ya ha empezado a cambiar. Ahora son muchos los jóvenes que no quieren quedarse en las aldeas, tanto hombres como mujeres, porque las condiciones son duras y salen fuera para estudiar.
- Con todo lo que nos has explicado, ¿te sientes feliz con la vida que tienes, por ser mujer?
Si, no puede ser de otra manera. A pesar de las dificultades una tiene que ser feliz con lo que tiene y con lo que es, si no cómo vamos a vivir y cómo vamos a mejorar
- Para acabar, ¿hay alguna cosa de tu vida que te gustaría cambiar o tener que ahora no tengas?
Si, me gustaría conocer otros lugares, viajar, saber como es la vida en otros lugares. Y, sobre todo, lo que más quiero en esta vida es saber todo, aprender todo, quiero seguir estudiando, al menos hasta el noveno grado.
Neus Peracaula y Carmen Portela
(Misioneras de OCASHA-CCS en Cubal - Angola)
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Boletín Nº125