EN MEMORIA DE ELLAS

VER

Estamos aquí, en este bello continente, queriendo rescatar dignidades robadas, historias mal contadas o silenciadas, pero siempre encontramos pequeños y tiernos autores que no dejan que los grandes callen a las desheredadas de este mundo (patriarcal, capitalista, católico y romano) y revelan la realidad con toda su armonía, sin negar la crudeza de vidas quebradas

A FORÇA QUE NUNCA SECA
Já se pode ver ao longe
A senhora com a lata na cabeça
Equilibrando a lata vesga
Mais do que o corpo dita.
O que faz o equilíbrio cego
A lata não mostra
O corpo que entorta
Pra lata ficar reta.
A cada (a) braço uma força
De força não geme uma nota
A lata só cerca, não leva.
A água na estrada pouca
E a força nunca seca
Pra água (vida) que é tão pouca
(Chico César / Vanessa da Mata)
LA FUERZA QUE NUNCA SECA
Ya se puede ver a lo lejos
La señora con la lata en la cabeza
Equilibrando la lata tuerta
Más de lo que el cuerpo manda.
Lo que hace el equilibrio ciego
La lata no muestra
El cuerpo que entuerta
Para la lata permanecer recta
A cada (a) brazo una fuerza
De fuerza no gime una nota
La lata sólo cerca, no lleva
El agua en el camino poco
Y la fuerza nunca seca
Para el agua (vida) que es tan poca
(Chico César / Vanessa da Mata)

"La escena de las mujeres cargando sus latas de agua en la cabeza es clásica. La belleza ruda de la escena no puede ocultar todo el sufrimiento impuesto al cuerpo femenino. Comenzando desde los/as niñas/os, las mujeres cargando en su piel, en sus músculos, en sus huesos, la dureza de ese trabajo repetitivo y pesado. Con el pasar de los años se alargan los hombros, los gemelos ensanchan, engrosan los cuellos y aparecen los problemas de columna. La escena en cambio tiene su belleza, caminando erguidas y rectilíneas, forzadas por el equilibrio de la lata de agua sobre la cabeza, es prácticamente un desfile por los caminos calcinados del desierto. Para algunos también es el momento en que la mujeres se encuentran a solas, lejos de los hombres y donde pueden conversar tranquilas los asuntos personales. El pozo, la fuente, el agua, es el lugar del encuentro femenino, de sus conversaciones íntimas, de la socialización de sus problemas, sueños y deseos. En todo el planeta, la ONU afirma que abastecer los hogares con agua es tarea de las mujeres de todas las edades, inclusive de los niños/as. Hay una correlación íntima entre el agua y lo femenino. En el semiárido nordestino de Brasil esa relación no es diferente. Ella revela la diferencia de los sexos en los papeles familiares y en los trabajos. ¿Por qué un trabajo tan pesado recae sobre los hombros de las mujeres? En realidad, abastecer los recipientes es considerado una extensión del trabajo doméstico, de la puerta para dentro, por tanto, como todos los demas servicios domésticos, un trabajo femenino. Al hombre cabe cuidar de la tierra y de los animales -aunque las mujeres también lo hacen-, el servicio que está de la puerta para fuera. Además, consume horas de trabajo diario, caminos largos -en tiempo de seca gasta del 70% al 80% del tiempo buscando agua- en un trabajo penoso, repetitivo y sin perspectivas." (libro del curso de Verano de Goiania 2003).

A la mujer aún le restan, o mejor se le suman, servicios como cuidar de la cocina, de tejer ropa y redes para la familia, cuidar de la limpieza en general, ayudar al marido en el trabajo del campo, de la leña, muchas veces ella sóla se ocupará de la educación de los hijos, y aún dedicará un tiempo para cuidar de asuntos comunitarios y de la iglesia.

Las propias relaciones machistas proporcionan desequilibrios en el relacionamiento sexual, encontrándonos con un alto índice de violencia doméstica (casi siempre callada).

Esta realidad nordestina en Brasil sobre la mujer, retrata la vida de mujeres bolivianas, mexicanas, colombianas, peruanas... LATINOAMERICANAS.

JUZGAR

A partir de la realidad queremos tener elementos para valorar y qué mejor que la propia palabra para iluminar cabeza, corazón y pies. Esta vez desde la perspectiva de mujeres que leen la Biblia, trayéndonos los/as silenciados/as: mujeres, pobres y niños, al protagonismo de la Palabra:

Memoria es una palabra tan antigua. Palabra antigua como algunos árboles de nuestras religiones: troncos enormes, copas acogedoras, raíces tan profundas que parecen llegar hasta el vientre de la tierra, mezclándose con otras tierras, otros pueblos, otras lenguas y culturas...

Memoria es una palabra tan antigua. En su raíz, que viene desde el útero de la humanidad, desde el comienzo de la lengua hablada por muchos pueblos, memoria tiene que ver con los cuerpos, con la mente, con el vientre, lunas y, sobre todo, memoria tiene que ver con la palabra deseo.

Hacer memoria es re-cordar, hacer volver al corazón. Memoria tiene que ver con la añoranza de las cosas pasadas, que volviendo al corazón, reavivan el deseo y traen el olor de la vida futura. Memoria es añoranza y escalofrío por lo que va a suceder.

Maria del perfume, así era conocida en la aldea de Betania, donde vivía. Producir perfume era su trabajo, le gustaba aquella arte antigua y mágica. Perfumes tienen que ver con añoranzas y deseos. Un perfume trae de vuelta la persona amada, un perfume nos hace volver a las tierras que nos vieron nacer, a los campos embarazados de cosecha, a los muchos colores del cielo, al mar con sus cantos de nanas, a la cocina de casa de nuestra infancia, al regazo de la madre o el abrazo y beso del primer amor...

Un perfume nos une al pasado y nos hace soñar. Un perfume penetra suavemente en nuestra piel, embaraza nuestros sentidos. Un perfume nos hace tiernos y eternos.

A María le gustaba, en tiempo de primavera, salir bien temprano en busca de los olores que la naturaleza le ofrecía a la tierra después del invierno.

Mezclando en su pequeña casa, con gestos delicados de mágica alquimia, las esencias, los pétalos de las flores, los óleos de oliva, Maria preparaba aromas delicados, bálsamos para curar las heridas del cuerpo, despertando los deseos del alma, y óleos preciosos.

Muchas personas adoraban ir a la casa de María del perfume. Allí siempre había espacio para las conversaciones. Los niños jugaban tranquilos en el patio de la casa. Mujeres y hombres, jóvenes y ancianos, encontraban, en la casa de Maria, un lugar acogedor, un espacio de consuelo y de hermandad.

Las personas enfermas y extranjeras podían contar que, en la casa de María del perfume, encontrarían un plato de comida caliente hecho con cariño, un café y quién sabe, un bálsamo perfumado o una pomada para aliviar los dolores.

Maria del perfume, diacona de la comunidad de Betania, servidora de la mesa de palabra y de la fracción del pan.

Maria del perfume, diacona de la ternura y de la misericordia en la comunidad de Betania.

Muchas eran las personas que, en tiempos de profundo dolor causado por la muerte de alguien querido, pedían a María perfumar con sus óleos y bálsamos la persona fallecida y, con palabras de esperanza y resurrección, prepararla para la sepultura.

Maria del perfume, diacona de la esperanza y del consuelo en la comunidad de Betania. También a Jesús le gustaba ir a la casa de la mujer que hacia perfumes. Allí era acogido con mucho cariño, sus pies y sus manos eran siempre lavados y perfumados por Maria.

Un olor dulce de las esencias del desierto llenaba la casa. Un olor que traia los cantos de tiempos antiguos, cantados por los soñadores/as del sueño de Dios:

¡Que placer, que alegría, nuestro encuentro de hermanos! Es como óleo perfumado. Maravillosa es nuestra unión (Sl 133). Y Jesús participaba del compartir de la vida de aquella comunidad, de la escucha de las escrituras que reanimaban la existencia de los pobres y de la fracción del pan que fortalecía el compromiso comunitario de un mundo mejor.

Un mundo bonito y del movimiento de Jesús. Un mundo sin exclusión. Una vida de compartir y de vida plena. Y María del perfume se sentía muy feliz de participar del movimiento del hombre de Nazaret.

Pero últimamente la alegría no visitaba más el rostro de María. La ideología del poder romano y la teología de un grupo de rabinos del templo ocuparon el territorio de Israel, arrastrándose también entre los discípulos/as de Jesús.

Una ideología y una teología de exclusión. Las mujeres, como los extranjeros, no eran de nuevo bienvenidas. Herida reabierta en el cuerpo de las mujeres, excluidas del seguimiento de Jesús.

El patriarcalismo, cada vez más machista, estaba dentro de las personas. Maria supo, que en aquella noche, Jesús estaría en casa de Simón, el leproso.

Fue para casa y, por un largo tiempo, mezcló esencias, perfumes y pétalos de flores, lágrimas se mezclaban en los olores. El deseo de un mundo de iguales, una comunidad de tierna misericordia, donde los hombres y mujeres viviesen en amor.

Un mundo abierto a los niños/as, a los/as ancianos/as, a los/as enfermos/as y extranjeros/as, un mundo que pudiese ser la casa de la comunidad.

María mezclaba óleos, sueños lágrimas, perfumes y deseos.

Precisó mucho tiempo y trabajo para preparar aquel perfume único. Lo colocó en un vaso de alabastro, piedra preciosa para guardar el perfume de utopías y sueños preciosos.

Al atardecer, María se dirigió por las calles oscuras de Betania hasta la casa de Simón.

Jesús y los discípulos estaban sentados a la mesa y María, al entrar en la casa, sintió que su presencia no era bien aceptada. ¿Qué hacía una mujer en una casa donde sólo se reunían hombres? Una mujer debe saber quedarse en su lugar y no entrar en lugar hombres...

María entró intentando vencer el miedo y la vergüenza. Mirando para Jesús, se fue aproximando a él, abrió el vaso de alabastro que contenía el perfume y derramó todo el bálsamo precioso sobre el maestro.

Un olor agradable inundó el aire, penetrando suavemente en la piel de Jesús. Un perfume de esencias del desierto, de pétalos de flores y lágrimas, frutos de la exclusión de las mujeres de la diaconia de las comunidades. Un perfume del deseo de una comunidad de iguales, de tierna misericordia, donde nadie fuese excluido.

La acción de Maria provocó la indignación que nació de los discípulos (Mt26, 8-9), la misma indignación que nació en los sacerdotes cuando los/as niños/as hablaban palabras de alabanza (Mt2,15). Una indignación típica de quien cree que es dueño del poder y de la verdad. La indignación de quien piensa que la otra persona sea un ser inferior. Los discípulos, dueños de la verdad y del poder, considerando a María inferior e indigna de la diaconía en las casas.

Jesús, en cambio, lleno de agradecimiento y de compasión por aquel gesto de María, gesto siempre visto en la casa de la diacona de Betania y en aquella noche tan único, dijo:

¿Por qué molestáis esa mujer? Ella me está haciendo una cosa muy buena. (Mt26,10) ¿Por qué vosotros os estáis vendiendo a una manera hierárquica y excluyente de ser comunidad? ¿Por qué quieren tirar el anuncio de la Buena Nueva, de mi seguimiento, de la diaconía en las comunidades, de esta mujer y de todas la mujeres? !María está haciendo un buen trabajo!

Los discípulos llenos de indignación, que surge de la certeza de sentir que son dueños de la única verdad, llamaron la atención del maestro, diciendo que el dinero desperdiciado en el perfume podría haber sido utilizado para los pobres (Mt 26,11). Vieja actitud de quien quiere el poder y el autoritarismo: colocar pobre contra pobre, mujeres excluidas contra pobres excluidos, marginalizadas contra marginalizados. Inolvidable fue el gesto de Maria. Sirvió a Jesús derramando perfumes a sus pies, solidarizándose con él, se coloca a su lado, diacona del proyecto de vida en abundancia.

Maria, derramando el bálsamo preparó el cuerpo de Jesús para la sepultura. Un bálsamo único, precioso, hecho de cariño y de sueño, de deseo y misericordia, de compromiso y vida eterna…¡Resurrección! Ella derramó ese perfume en mi cuerpo preparándome para la sepultura. Yo os garantizo: por todos los lugares donde la Buena Noticia fuese anunciada, también contarán lo que ella hizo y será recordada (Mt26,13).

Y la memoria de Maria del perfume continúa viva en las mujeres ministras y servidoras de la vida de los pobres en las comunidades, diaconas y pastoras de la vida en abundancia, anunciadoras del Evangelio del Enmanuel, Dios compañero/a, que armó su tienda en el medio de los excluidos/as. " (Maria Soave)

ACTUAR

Tenemos el deber moral de sembrar vida, y sembrar vida es rescatar memorias y dignidades robadas. Devolver la palabra a los olvidados debe ser un hecho, no una intención ni un artículo bonito.

Somos interpelados a tomar posición en este mundo, son vidas que están en juego...

Ellas sólo esperan una oportunidad.

"A ti que estás sentado en tu sillón, atento o distraído te reclamo" (Brotes de Olivo- Palencia-).

Ana Cabria Corral
(Misionera de OCASHA-CCS en Picos - Brasil)


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Boletín Nº125