EXPERIENCIA PERSONAL COMO MUJER EN LA MISIÓN

Como tantas otras compañeras de la asociación, he tenido una vivencia diferente en mi trabajo a la que hubiera tenido un compañero, simplemente por ser mujer en primer lugar y laica en segundo lugar. Para explicar un poco más esto, decir que en estos dos compromisos yo formaba equipo con mi pareja y, esto, provocaba que la gente del lugar me tratara de forma distinta. Estoy segura que la situación hubiera sido otra si en el equipo no hubiera habido varones.

Paso a relatar algunos ejemplos de ello: me viene a la cabeza la labor que realizábamos en una de las parroquias de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), donde los dos coordinábamos el área de Pastoral Social, sin embargo, varias veces quien iba a preguntar una información o a participar de nuestras actividades se dirigía siempre a mi compañero. También dentro de la CEB (comunidad eclesial de base) a la que pertenecíamos, donde cada reunión la hacíamos en una de las casas de las familias, cuando nos daban las gracias por acogerles, se las daban a José, como Señor y dueño de la casa.

Los ejemplos más recientes son los que "ahorita" este año he vivido. En los primeros meses cuando nos trasladamos a la Posta Sanitaria, situada al lado de la capilla, nos proporcionaron una llave de ésta para abrir cuando fuera necesario. Un día, una de las profesoras de la escuela quería traer flores, y buscaba al "hermano" (refiriéndose a José), le comenté que no estaba y si yo podía ayudarle. Me decía que sólo quería la llave de la capilla, pero que esperaría. Suponía que sólo él tenía el acceso a la llave. Al final se la dí, explicándole que los dos la manejábamos. Esto se repitió con el corregidor y alguna señora más. La misma situación surgió en Abril con el inicio de la catequesis familiar y confirmación en Santa Rita y Santa Marta, donde el catequista para todo sólo hablaba con mi compañero, y la responsable de estas áreas era yo. Estas escenas se han repetido con algún responsable de proyecto que, al delegar ciertas funciones de dirección en él, ha sobrecargado su trabajo, y por otro lado en las áreas que yo atendía tenía que hacer esfuerzos por demostrar que también lo hacía bien y por ser visible. Como ven en todas estas situaciones, me situaban o nos sitúan (como hace años charlaba con otras compañeras de OCASHA-CCS) como la "mujer del hermano", del "misionero" quedando relegada a las tareas del hogar, a los hijos si los hay, a ser su acompañante en las celebraciones, y alguna tarea de catequesis pero de poca importancia, todas ellas "propias" de una "buena mujer". En pocas ocasiones se nos ve como mujeres que dirigen, que toman decisiones sin que él tenga que intervenir, que asumen responsabilidades por encima incluso del compañero, del marido....

Personalmente me he sentido incómoda y, ante todo ello, vimos los dos que en esto también había que ir contracorriente. Desde nuestra experiencia anterior, decidimos que José se haría el "sonso", el que no sabe nada de mi trabajo, y remitiría a las personas, incluso al responsable, a que hablara directamente conmigo. Ha supuesto un esfuerzo por educar en ello a la población con la que trabajamos, pero ha valido la pena. También hemos tratado de hacer la misma táctica en este nuevo compromiso, nos queda todavía una asignatura pendiente, es el educar también a los catequistas (todos varones) de las comunidades campesinas donde hemos empezado un poco después a subir. Vienen a nuestra casa y siguen preguntando por D..José, cuando la responsable de la catequesis de toda la zona pastoral soy yo. Les parece extraño que "me deje viajar sola, llegar a las 10 de la noche de otro pueblo....., en definitiva que una se desenvuelva de forma independiente.

Como ya se han imaginado, acá también la mujer es discriminada por ser mujer, especialmente en el campo, entre esta población que en su mayoría procede de Vallegrande y departamentos del interior (Cochabamba, Chuquisaca, la Paz....). Es la que carga con todo: desde caminar kilómetros con la leña en la espalda para cocinar, con el agua desde una noria lejana de su casa, con sus productos para vender en el Torno, con los hijos e hijas, con el trabajo en el "chaco" compartido con el marido, con el trabajo doméstico (cuando vuelve cansada del chaco), con las enfermedades, y con un embarazo tras otro.

En medio de todo esto, no me he encontrado sola, los dos hemos ido transgrediendo todos estos roles que no dejan moverte. De esa forma, él ha sido objeto de risas entre varones por no responder a los mandatos de género que se espera de un buen hombre, por ejemplo decirle en broma que es un dominado, reirse de él porque lava ropa,...

Por último, quiero compartir que tras mi experiencia de trabajo en proyectos específicos con mujeres (en la parroquia Sta Trinidad), he aprendido que hemos de enfocar nuestro trabajo pastoral de otra forma. Siguen siendo necesarios estos tipos de proyectos de promoción y desarrollo de la mujer, por la situación de desventaja de la que partimos, pero es imprescindible una nueva manera de mirar la realidad, un nuevo enfoque. Este enfoque de perspectiva de género, supone estar siempre alerta, y cuestionándonos, realizándome preguntas como éstas:

¿ Por qué no participan las mujeres en el sindicato agrario de su comunidad campesina o bien en la OTB (organización territorial de base)? O, si ya participan, ¿para qué cargos se las elige? (vamos a observar que la mayoría son secretarias de actas, tesoreras y ocupan la secretaria femenina :que se encarga de preparar la comida cuando los hombres del sindicato se reúnen todo el día). ¿ Por qué no proponemos e impulsamos nosotras mismas a mujeres con cualidades para ser presidentas o dirigentas ? ¿ Por qué en las Juntas Escolares (AMPAS allá) van mayoría mamás y se elige un papá de presidente? ¿Por qué cuando pasan lista al final de la reunión del sindicato, o de la junta Escolar son nombrados los varones, estando ausentes y sus esposas estando en la reunión se ven obligadas a contestar presente cuando a ellas no se las está nombrando? En definitiva ¿por qué comúnmente la mujer acude a las reuniones en "representación de" el marido y no por ella misma, o bien el caso al revés ?.

Después de esta observación creemos que nuestra labor está en que en todo lo que llevemos a cabo (ya sea preparación para la confirmación, pastoral de la tierra, Escuela de madres y padres, talleres de medicina natural, cursos para catequistas) debemos visualizar a la mujer(que ya está participando), su enorme aporte a la comunidad, su presencia que tanto tiempo ha estado invisibilizada, relegada, y que le cuesta escuchar su nombre porque siempre se ha nombrado a otro hombre, primero el papá, después el marido. Y fomentar su autoestima para que se sienta capaz de asumir cargos en su comunidad. Y esto empieza desde nuestro lenguaje, desechando ese lenguaje sexista aprendido: por ejemplo, buen día compañeras y compañeros, aunque el dirigente nos mire como unas locas. Y no invitando sólo a mujeres cuando hacemos talleres de salud, toditos nos enfermamos y los dos debemos de saber, los hijos igual son de los dos (de lo contrario reforzamos los roles de género) o convocar solamente a los hombres porque vamos a hablar de "la Asamblea constituyente" y de esto no entienden ellas.

Al comienzo les decía que también el ser laica, marca ¿Por qué? Habitualmente es extraño encontrarse mujeres que son la "madrecita" y trabajan en pastoral, pero tampoco son como las otras mujeres porque no tienen bebé. En una sociedad donde tanto se escucha que "la mujer no se realiza si no es madre", una mujer que no ha parido no es una mujer completa, como de segunda categoría. Por contarles una anécdota, siempre me he presentado como laica y, acá, hasta hace chiste este nombre porque laica es el nombre que comúnmente se le pone a una perrita. Más de una vez he escuchado risitas, el mismo nombre tiene un matiz despectivo para que tengamos que decir soy laico, cuando no es así. Entre nuestra gente también se le tiene más respeto a las madrecitas, al no serlo les cuesta más esfuerzo ubicarte como mujer misionera, incluso en el obispado y otros servicios religiosos. La ultima vez que fui a la ciudad, en una librería religiosa se negaron a venderme libros para la catequesis con el descuento que le suelen hacer a la parroquia. La razón : yo no era religiosa, tenía que pedir a las hermanas que viven a 30 km. de Santa Rita el comprarlos para nuestra capilla, o bien ir el párroco (que no podía esos días) a comprarlos.

Todo se arregló, pero para ello tuvo que ir el diácono a charlar con la dependienta. De nuevo era una mujer la que no quería reconocer la labor de otra mujer laica.

En definitiva, creo que todavía nos queda mucha camino por andar tanto acá como allá y lo rico y valioso es poder hacerlo en compañía con nuestros compañeros, parejas , maridos... etc.

Piedad Donoso Gómez
(Misionera de OCASHA-CCS en la Parroquia Santa Rita - El Torno - Bolivia)


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Boletín Nº125