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REFLEXION SOBRE LA CRISIS

Jue, 02/21/2013 - 09:03

REFLEXION SOBRE LA CRISIS

Muchas veces se acusa a la tradición judeocristiana del actual deterioro de nuestro planeta a raíz de la interpretación del siguiente pasaje bíblico: Gen 1,28. Dios los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Tengan autoridad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.». De ahí se podría derivar que los seres humanos tendrían “autoridad” para perpetrar los mayores expolios sobre el sistema natural que nos sustenta. A esto hay que contraponer que también en la Biblia existen otros pasajes que matizan al anterior: Gen 2,15. Yavé Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara. En cualquier caso, el tema de este artículo no es la discusión bíblica, sino cuál es el origen de la actual crisis que nos envuelve y cuáles pueden ser las posibles alternativas.  Resulta evidente que no hemos cultivado ni cuidado este “jardín del Edén” que nos sostiene y nos sustenta y ahora nos vemos abocados a una crisis de dimensiones abrumadoras.

Para desarrollar nuestras actividades y mantener nuestras constantes vitales la naturaleza tiene su propia moneda: la energía. A mayor cantidad podemos realizar más movimientos y conseguir más alimentos, que a su vez nos proporcionan más energía... Para facilitar los intercambios, la humanidad generó otras monedas:  sal, piedras preciosas, oro, metales, billetes, tarjetas... Desde hace unos años entran en conflicto estas dos economías, la de la naturaleza y la de la sociedad. Hemos basado nuestra riqueza en la explotación sin control de los recursos naturales disponibles y para ello hemos encontrado una fuente de energía fantástica que nos ha permitido hacerlo: los combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas). Sobre todo el petróleo con su extraordinaria densidad energética ha posibilitado en poco más de cien años un desarrollo exponencial en todos los ámbitos de nuestra vida: transporte, vivienda,abrigo, salud, alimentación, educación... Pero, como todo en la naturaleza,  su disponibilidad es limitada y para conseguirlo, a su vez, hay que invertir energía... ¿Les suena esto por su similitud con nuestra economía?

A partir de 2006 se alcanzó el cenit de la producción de petróleo y desde ese momento sólo puede disminuir, es decir, cada vez será más escaso y caro (no se acaba, sólo se encarece), todas las demás fuentes energéticas dependen en mayor o menor medida del apoyo de los combustibles fósiles para su captación y distribución, para la obtención de los minerales y su purificación, para la producción de la maquinaria, etc. Con lo cual la prosperidad de la cual hemos disfrutado parte de la humanidad (nunca ha sido toda la humanidad, ni siquiera la mayoría) se ve comprometida y nos damos cuenta de que ha sido en gran medida ilusoria y, principalmente, es insostenible.

Frente a esto podemos tender a pensar que nuestro sistema puede quebrar por una mala gestión, por el despilfarro, por los desfalcos, por las obras improductivas... esto es cierto, pero no lo es del todo. Es la base de nuestra economía, de nuestro sistema social, de nuestro bienestar, la que entra en conflicto brusco con la otra economía, con la economía de la naturaleza, y a la cual no tenemos ninguna posibilidad de vencer –supondría nuestro fin– ni de evitar. Las consecuencias son evidentes: crisis económica, financiera, ecológica, social, política...Debemos plantearnos la Transición hacia sistemas económicos armónicos con el mundo físico al que pertenecemos, con redistribución y optimización de nuestros recursos energéticos y naturales, reducción drástica de nuestros consumos, relocalización de nuestras fuentes de alimentación para que sean de proximidad, reparto de los recursos existentes priorizando a aquellos que tienen menos o que les fueron expoliados, en resumen un decrecimiento consciente y urgente.

Como ven esto choca frontalmente con nuestras expectativas de crecimiento y adquisición de mayores niveles de consumo y bienestar. No veo alternativa, o decrecemos progresiva y voluntariamente o, lo más probable y doloroso, será que nos encontremos frente a colapsos bruscos (como nos ha sucedido con nuestro “milagro español” basado en la construcción).

Volviendo al inicio, en este punto como cristianos podemos aportar la sabiduría transmitida por el Maestro, los valores y la espiritualidad de la fraternidad, la opción por los pobres, la austeridad, la vida en comunidad, el compartir y la ayudad mutua, la felicidad y la sencillez. La tarea es ingente y sobrecogedora, pero no podemos negar la realidad, nuestro presente y el futuro de nuestros hijos están ya comprometidos.

Vicente Roig Llabata